La decisión

Desde pequeña me he marcado metas que he intentado ir cumpliendo, he sido siempre muy disciplinada y me ha gustado realizar todo lo que me proponía. Siempre supe con firmeza que debía estudiar una carrera y licenciarme (entonces pensaba que eso era lo más importante en la vida, ahora sé que no). Me gustaban tanto las letras como los números, los idiomas e incluso la rama artística… de hecho no sabía por qué decidirme.

Me dejé llevar por lo que mi padre quería y pensaba que me iba a suponer mayor éxito futuro, pero lo único que supuso para mí fue un estrepitoso fracaso y me hizo sentir (por primera vez) insegura. Me costó muchísimo tomar la decisión de abandonar, pues tenía muy marcado que lo que empiezas debes acabarlo, pero estaba en juego mi felicidad así que finalmente me armé de valor y lo comuniqué en casa. Para mí fue muy doloroso, pues sentía que decepcionaba a mis padres que tenían plena confianza en mí, aunque ellos fueron muy comprensivos y me dijeron que debía hacer algo que me gustara y me hiciera FELIZ.

Al siguiente año comencé otra carrera (Administración y Dirección de Empresas), recuerdo estar con mi novio (ahora marido) en una cafetería tanteando opciones sin saber qué elegir. Me gustaban carreras muy dispares (periodismo, psicología, historia, inglés), y no quería cometer el mismo error que la última vez. Opté por ADE sin saber de qué se trataba, simplemente me atraía porque sabía que mezclaba un poco números y letras, y que sería algo intermedio. Creo que acerté y he disfrutado de lo que iba aprendiendo, pero hoy día sigo sin saber si habría disfrutado más con otra. Me dejé guiar por lo práctico, por lo que supuestamente “tenía más futuro”, el corazón me habría guiado de forma diferente…

Esta historia, que poco tiene que ver con la maternidad, tiene un trasfondo muy importante y que ha marcado un antes y un después en mí. Me licencié en 2013, y he seguido formándome hasta hace poco (de hecho, he cursado un máster estando embarazada). Desde 2013 a 2015 he buscado trabajo, aunque para ser más exactos he buscado oportunidades. Ni una simple entrevista me han ofrecido. Debido a mi carácter, me he sentido muy frustrada con toda esta historia. Me casé en 2014, y quería tener hijos con mi marido pero antes quería realizarme profesionalmente. Creía que no sería completamente feliz hasta que no demostrara mis capacidades laborales. Necesitaba demostrarme a mí misma que era buena, y que iba a llegar lejos.

Al no conseguir nada de lo que había soñado durante años, se apoderó de mí una especie de oscuridad y malestar. Entonces pensé que para qué iba a esperar, que necesitaba vida para eliminar esa tristeza. Asimilé que quizá la oportunidad laboral que buscaba no iba a llegar nunca, y que el momento perfecto para ser madre no lo iba a encontrar. Me informé un poco sobre el tema de la concepción y leí que lo habitual desde que buscas el embarazo hasta que lo consigues es que transcurra un periodo de 6 meses. Lo vi como algo aún lejano, que no iba a ocurrir tan fácilmente.

Mi marido llevaba ya tiempo con la pelusilla de la paternidad, por lo que sabía que en cuanto yo quisiera él estaría dispuesto. Así que, un buen día de noviembre de 2014, le comenté mis deseos. Durante una semana la idea no se iba de mi cabeza, y recuerdo que no parábamos de fantasear pensando en qué pasaría si me quedara embarazada. Pero lo cierto es que al pasar esa semana y los días cada vez veía esa idea más lejana, hasta llegué a pensar que había sido una tontería y que las hormonas me habían jugado una mala pasada…

En el puente de diciembre nos fuimos de viaje con mis padres a Barcelona, el mismo día que salimos esperaba que me bajara la regla (siempre he sido puntual) pero no ocurrió. Decidí esperar a la vuelta del viaje para hacerme una prueba de embarazo, por si realmente era un retraso (era un viaje corto, de sólo 4 días). No quería precipitarme porque creía que no pasaba nada, de hecho durante el viaje me di algunos homenajes que estando embarazada están totalmente prohibidos.

Una vez de  vuelta a casa seguía igual (sin venirme la regla), así que fui a comprar un test a la farmacia. Era la primera vez en mi vida que iba a hacerme un test de embarazo. Ahora que ya ha pasado el tiempo, recuerdo esa incertidumbre con dulzura, recuerdo la cara de mi marido de ilusión, y recuerdo mis sensaciones contradictorias y mis miedos. Por aquel entonces fumaba, y en cuanto salí de la farmacia me encendí un cigarro de los mismos nervios… No asimilaba lo que estaba pasando, era imposible que la “tontería” finalmente se hubiera cumplido. 

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2 thoughts on “La decisión

  1. Me ha encantado y me siento muy identificada contigo yo soy maestra termine en 2006 desde que acabe siempre he trabajado en lo mío pero en 2012 todo se acabó a mi novio por aquel entonces ahora mi marido lo trasladaron y decidimos no esperar más y casarnos y tener un bebé.
    Soy de las que piensan que lo que tenga que ser será tarde o temprano no podemos parar la vida nuestra vida por un trabajo si podemos tirar con el de nuestras parejas para delante sino la vida y los años pasan sin darnos cuenta.

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