La vida social

Antes de ser madre tenía mucha vida social, siempre me ha gustado mucho salir con los amigos y no he sido nunca de pasar mucho tiempo en casa. Tengo las mismas amigas desde el colegio prácticamente, a excepción de mis niñas de la facultad, y soy de esas que mantienen los lazos bien estrechos aunque cueste.

Desde que me quedé embarazada todo cambió por completo. Para ser sincera, me costó asimilar el embarazo y descubrirlo en época navideña no me ayudó. Para mí la navidad era estar de fiesta continuamente, también disfrutar de la familia, pero aprovechaba cualquier día para reliarme (como decimos en mi tierra). La navidad de 2014 me pilló con la noticia del embarazo muy fresca y teniendo que hacer reposo absoluto debido a un hematoma (supuesto riesgo de aborto). Los primeros días no los llevaba muy mal, dormía casi todo el día y mientras estaba despierta veía series que seguía (soy adicta a las series). Pero tras una semana así estaba que me subía por las paredes. Lo máximo que se me permitía hacer era levantarme para ir al baño, y lo peor es que yo me encontraba de maravilla así que me costaba aún más aceptarlo.

Ahí fue cuando empecé a “alejarme” un poco de mis amigos, obligada por la situación, aunque mis chicas venían a verme a casa y otras estaban muy pendiente telefónicamente (no sabéis cuánto se agradece en esa situación). Me planteé más de una vez si la decisión que había tomado era la correcta, pues había supuesto un cambio radical en mi vida. Parecía que el mundo seguía girando igual sin mí, y en ocasiones me sentí bastante sola. Debo aclarar que en mi entorno nadie aún se había planteado tener hijos, por lo que en ese aspecto no vas muy acorde con el resto. Tu vida cambia lo quieras o no, y es imposible hacer lo que hacías antes y seguir el ritmo; pero tampoco puedes pretender que los demás sigan el tuyo.

Cuando superé el periodo de reposo y el peligró pasó, empecé a salir de nuevo un poco más pero nada tenía que ver con lo previo al embarazo. Yo seguía muy cansada y por las noches lo único que me apetecía era estar acostada, me era difícil controlar el sueño. Así que sin darme cuenta me fui volviendo más casera, porque entre semana todos tenemos nuestras obligaciones y cuando llegaba el fin de semana no me apetecían los planes de “fiesta”. Para los almuerzos y los cafés si me encontraba con más ganas, pero no siempre teníamos la ocasión.

Ya cuando fue llegando el calor fue aún peor, porque llegó un momento en que me negaba a salir de casa. Este verano ha sido el más caluroso en los últimos 40 años (creo, no lo sé con exactitud), y estar embarazada de 8 meses con más de 30 kg de más (de eso también hablaré en otro post) hace que sea una mezcla explosiva. El calor me ha hecho pasarlo francamente mal, desde que me levantaba a las 8 de la mañana hasta que me acostaba me sentía completamente agotada y asfixiada. No sabía cómo vestirme, no sabía cómo sentarme, no sabía cómo sobrellevarlo básicamente. Ni playa, ni piscina, ni planes veraniegos. Para mí era imposible. Obviamente, la vida social así se reduce hasta ser prácticamente inexistente.

Te da pena ver cómo todos quedan y hacen planes y tú te los pierdes, te gustaría estar ahí, pero realmente no puedes. Piensas que cuando tengas el bebé todo cambiará y volverá a la normalidad, gran error (cuando tienes el bebé aún es más difícil escaparse, al menos los primeros meses). Simplemente tienes que aceptar que las cosas han cambiado, que comienza una nueva etapa de tu vida, y que te adaptarás.

Los verdaderos amigos permanecen, no importa lo que ocurra ni que pase el tiempo. La verdadera amistad va más allá. En el camino hay decepciones, muchas, pero te ayudan a “eliminar” a quien realmente no te quiere acompañar. Tienes que entender que la que ha cambiado es tu vida, no la de los demás, y que ellos tampoco son conscientes de tu situación (aunque la expliques, hay que vivirlo para entenderlo).

En mi nueva vida hay una pequeña persona que es la más importante, y es la prioridad absoluta. Pero es plenamente compatible con otras personas también importantes, y es una gran alegría ver cómo ellos también lo quieren y quieren verlo crecer. Si en el camino te sientes sola, como me ha pasado a mí algunas veces, no hay que preocuparse. Quien quiera estar a tu lado va a estar, y te va a perdonar los errores y te va a comprender. Tú también perdonarás a quien quieres tener contigo, y dejarás ir a quien no.

Al tener un hijo valoras más lo realmente bueno de la vida, valoras más a las personas que quieres, valoras lo verdaderamente importante; lo que antes te hacía pensar y no merece la pena ahora no tiene cabida. Quieres vivir y disfrutar junto a los tuyos, has dado vida y ahora eres consciente del valor que tiene. Y no hay nada más bonito que compartirlo, pues es lo que finalmente te va a hacer feliz.

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