Tercer trimestre de embarazo

Para finalizar el resumen de mis síntomas durante el embarazo, os cuento hoy los relacionados con el último trimestre. Para mí comenzó a finales de mayo y acabó el 17 de agosto (día que nació mi peloncete), así que sin duda ha sido el peor de los tres. Ya no sólo por las molestias típicas que acarrea, sino porque me he comido de lleno el verano más caluroso en muchos años; sumado a que vivo en Sevilla (creo que nunca lo he comentado) y a que a estas alturas del embarazo había engordado casi 30 kilos. Parecerá una exageración, pero había días en los que no quería (ni podía) hacer absolutamente nada. El simple hecho de levantarme ya me suponía un sobreesfuerzo, a las 8 de la mañana ya hacía calor. Dormía muy mal, debido a las molestias y al calor (no me gusta dormir con aire acondicionado, hacía uso del ventilador que algo aliviaba); y me levantaba aún peor. Cuando salías a la calle era como respirar fuego, el aire quemaba y no se podía estar ni en la sombra. Me propuse hacer ejercicio, caminar a diario, y recuerdo salir a la 1 de la noche por moverme un poco ya que era imposible hacerlo a otra hora. Me encontraba literalmente asfixiada, sudando continuamente, no sé cuántos baños con agua fría me daba al día. Estaba desesperada, y unido a otros factores era una mezcla explosiva. Os cuento:

  • Cambios en la piel y uñas: Siempre he tenido la piel muy seca, y he necesitado echarme crema después de las duchas o me arriesgaba a tener pellejitos (hasta ese punto, sí). Pues durante el embarazo me ocurrió todo lo contrario, la piel estaba completamente hidratada y suave, con un brillo muy bonito y con flexibilidad. Lo he citado en el tercer trimestre porque fue cuando más me lo noté, pero realmente no sé desde cuanto empezó a ocurrir. Con las uñas igual, siempre las he tenido muy débiles y se me rompían con nada; pero en estos meses las tenía muy fuertes y bonitas, mejor que nunca. Único punto positivo en este trimestre jeje. 
  • Dolor de costillas: Una de las cosas que peor he llevado. Me empezaron a molestar ya en el segundo trimestre, pero en el tercero era a diario y casi insoportable. Estar sentada era un suplicio, porque parecía que me clavaba al niño en las costillas y cada movimiento que él hacía (que no eran pocos) más lo empeoraba. Trabajo sentada, así que las mañanas se me hacían interminables. Los viajes en coche igual, no podía estar mucho tiempo. Cuando mejor estaba era de pie, porque si me acostaba me dolían los riñones. Y de pie tampoco quería estar mucho tiempo porque me cansaba. En fin, una incomodidad de cualquier forma.
  • Pies hinchados: Debido también a las horas que pasaba sentada en el trabajo, los pies se me ponían como dos botas. No he podido usar otro calzado en todo el verano más que chanclas. Cuando los ponía en alto menguaba un poco, pero no volvían a su estado natural. Era algo que me preocupaba y me asustaba bastante porque podía hundirme un dedo en el pie y se quedaba el hueco para adentro. Si algún día bajaban algo las temperaturas parecía que mejoraban un poco también. El calor lo empeoraba considerablemente.
  • Estreñimiento: Atravesé una época de estreñimiento en la que lo pasé francamente mal, tenía muchas ganas de ir al baño pero a la hora de hacerlo por más que “apretaba” (perdón por la expresión, no se me ocurre otra forma de describirlo) no conseguía nada. Me afectaba hasta en el humor porque era una necesidad vital para mí y me hacía sentir que iba a reventar (entre la barriga y la comida). No duró hasta el final, fue el octavo mes aproximadamente el que estuve así. Después mejoró sólo, afortunadamente.
  • Ganas frecuentes de orinar: Lo normal cuando tienes ya una barriga considerable que te hace presión en la vejiga, vas al baño 40 veces al día y orinas muy poco, pero no puedes aguantar. Yo lo que más odiaba era levantarme por las noches, ya que de por sí me costaba dormir, que me despertaran las ganas de hacer pipí me ponía furiosa.
  • Dolor de espalda: Además del dolor de costillas, te duele la espalda entera. Los hombros, la columna, los laterales. El pack completo. Pero es difícil apaciguar estas molestias porque no encuentras postura que te alivie. Sólo puedes ser paciente e intentar no pensar mucho en ello.
  • Movimientos del bebé: A todas horas y a lo bestia (el mío especialmente era y es muy bruto). Patadas, puñetazos, volteretas. De todo. Lo llevaba peor cuando me sentaba a comer y empezaba la fiesta, porque la verdad es que no puedes comer igual con semejante cachondeo ahí dentro; y cuando me acostaba por la noche, que intentaba relajarme pero él no quería. El hipo del bebé también es algo que se nota perfectamente y se sabe diferenciar de otros movimientos, y que me ponía nerviosa porque sentía como si lo tuviera yo y no podía hacer nada para pararlo.
  • Insomnio: Sumado a las incomodidades típicas de llevar un barrigón, que no encuentras la postura, que te duelen los riñones, que te duele la espalda, que el niño no deja de moverse… también se añade que no consigues conciliar el sueño, que pasan las horas y no te duermes. Parece que te acuestas y se te vienen a la cabeza 3000 cosas por hacer (todo relacionado con el bebé y la preparación de la casa) y no dejas de darle vueltas y organizarlo todo en tu mente. No descansas nunca, es incontrolable.
  • Tensión alta: Las últimas semanas, en una de las citas con la matrona, me comentó que tenía la tensión un poco alta y que debía controlarla. Es normal en este periodo del embarazo que suba la tensión, pues tu corazón bombea para mantener a dos personas no sólo una, pero los niveles nunca deben superar los límites de 140/85 mmHg (cifras que me indicó mi matrona). Si ocurría esto debía ir al hospital.
  • Asfixia: Lo notaba especialmente al andar y hablar a la vez, tarea que era casi imposible, y cuando hablaba calmada también tenía que tomar aire muy a menudo.
  • Contracciones de Braxton Hicks: Durante las últimas semanas sí fui consciente de este tipo de contracciones, no son nada dolorosas pero sí sientes como la barriga se endurece completamente. Duran unos segundos y paran. Los días que estaba más activa y no paraba de hacer cosas, en cuanto me sentaba empezaban las contracciones. Creo que empecé a ser consciente de lo que eran a partir de la semana 34, aunque puede que ya ocurrieran antes.
  • Nervios: El detonante final de toda la situación son los nervios que tienes, porque ves que el parto está cerca, porque no sabes si te dará tiempo a tenerlo todo preparado, porque tienes miedo, porque estás cansada de estar así, porque no sabes si todo saldrá bien, porque estás deseando conocer a tu bebé… Es lo más normal, estar nerviosa. Yo soy una persona muy tranquila, y no le doy muchas vueltas a las cosas, pero aun así me afectaron. Mi entorno familiar tampoco ayudó, porque mi madre estaba completamente desbocada y me ponía aún más nerviosa (es su primer nieto, por decir algo a su favor). Antes de que llegara la FPP ya llevaba yo una semana desesperada soñando con ponerme de parto, y encima se retrasó 5 días más. Estas dos últimas semanas fueron infernales.

Me ha quedado más largo de lo que quería, pero no puedo eliminar nada porque me saltaría detalles. Ahora que ha pasado el tiempo parece hasta mentira haber vivido todo esto pero en su momento estaba agotada. ¿Os sentís identificadas o lo vuestro fue mucho más ameno? ¡Besos y hasta el siguiente post!

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