Los estereotipos

Ayer leí una entrada muy interesante en uno de los blogs que sigo desde hace tiempo (ya comenté que durante mi embarazo me nutrí a base de leer blogs), que me dejó pensando y quise hacer aquí mi reflexión al respecto. El blog en concreto es la aventura de mi embarazo, y ya que lo menciono os diré que comparto muchas de las opiniones de Alejandra (la autora del blog); me parece una persona muy sensata y creo que debe de ser una madre ejemplar. Os recomiendo que la leáis si tenéis curiosidad.

En su post en concreto hablaba de los estereotipos que nos inculcan a niñas y niños desde la infancia, pero desde otra perspectiva. ¿Qué ocurre cuando lo que una niña o niño quiere realmente es seguir ese estereotipo? Me explico, Alejandra hacía referencia a que en estos carnavales su hija quería ir vestida de princesa. Aquí podría ocurrir que muchas mujeres, feministas por bandera, se echaran las manos a la cabeza e intentaran evitarlo a toda costa; alegando quizá que así sólo estamos educando a la niña en el ambiente machista de siempre y que no podemos seguir fomentándolo.

Hago un parón antes de nada para aclarar que la primera feminista soy yo, que desde mi infancia he intentado luchar “a mi manera” (con los gestos cotidianos y en las vivencias del día a día) y he perseguido siempre la igualdad. Y sí, desde muy pequeña he apreciado costumbres o gestos hacía mí por ser niña que no he compartido, y lo he intentado cambiar. Y sí, también me ha encantado vestir de princesa y jugar con muñecas. También me gustaba dibujar y hacer puzles, y también jugaba con mi hermano en la estación de coches que tenía o a las peleas siendo cada uno algún personaje ficticio (el zorro, goku, o alguno por el estilo).

Mi padre era muy machista, educado por una madre machista (las mujeres machistas son más peligrosas que los propios hombres), y conmigo quiso imponer sus creencias. Yo, su única niña, uña y carne con él. Siempre recordaré una frase que decía a menudo “mi niña nunca tendrá novio, siempre va a estar con su padre”. Ni os cuento la adolescencia que pasé, bastante rebelde por cierto y creo que en parte debido a comentarios como ese. Fue una época difícil, para mis padres y para mí, pero siempre hice lo que yo creía que debía hacer. Me costó muchas lágrimas y castigos, pero nunca dejé que sus creencias me doblegaran. Es justo decir también que siempre he contado con el apoyo de mi madre, que era la primera que me incitaba a ponerme minifaldas (por poner un ejemplo, a mi padre le ardían los ojos cuando me veía salir así). Aunque hoy día mi padre sigue teniendo sus dejes, la experiencia fue un aprendizaje para ambos y su perspectiva ha cambiado considerablemente. Le abrí los ojos y le hice ver que ir con falda corta no menguaba mi inteligencia, y que por salir con distintos chicos no iba a acabar trabajando en un prostíbulo. Hoy día estoy orgullosa de él y de lo que ha aprendido, y ver que lo ha aceptado y me ha respetado sólo ha hecho que lo quiera más.

Mi abuela materna (con la que me crie y quise como una segunda madre) también tenía sus ideales machistas, recuerdo cuando íbamos a comer y me decía que a mi hermano no debía molestarlo para poner la mesa, ya que él era el hombre. Yo en ese momento me encendía y terminaba discutiendo con ella, y agarrando a mi hermano y obligándolo a colaborar. Nunca he cedido ante comentarios como ese, ni de mis familiares, ni en el colegio, ni en el entorno cercano. Para mí ser mujer era un regalo, no significaba ser alguien inferior al hombre hecha para complacerle.

Os cuento esto para hacer ver que siempre aposté por la igualdad, y a día de hoy sigo haciéndolo en la familia que he creado. Pero una cosa no quita la otra, yo como niña coqueta y presumida adoraba vestirme de princesa (aún recuerdo un vestido que me hizo mi madre que para mí será el mejor vestido de la historia, y recuerdo caminar con él por el colegio creyéndome realmente una princesa). También adoraba vestirme de cabaret, de hada, de bailarina, de abuela, de abeja maya, de bebé, de payasa, de momia, de vaquero… Siempre he sido libre de elegir, y mi madre siempre me ha hecho el disfraz que le he pedido (se le da genial coser y es una artista). He sido feliz siendo princesa, y no por ello he dejado de apostar por la igualdad y fomentarla.

Mi hijo aún es muy pequeño, pero estas cosas se inculcan desde antes de nacer. Se inculca en casa, en el ambiente que tu pareja y tú hayáis creado. En mi casa mi marido y yo somos un equipo, somos compañeros de vida que se ayudan e intentan facilitarse el día a día mutuamente. Nos queremos y nos respetamos como personas, sin importarnos ser hombre y mujer. Queremos que nuestro hijo sea libre, queremos que crezca en un entorno que lo acepte tal como sea y se sienta querido. Odio las frases hechas como “verás la de novias que te van a salir con lo guapo que eres”, ¿cómo que novias? ¿y si son novios? No quiero que crezca escuchando eso y el día de mañana no se sienta en la confianza de ser como realmente sienta. No quiero que siempre vista de azul, o que no quiera el rosa “por ser de niña”. Quiero que juegue con todo tipo de juguetes, que baile, que haga deporte, que cante o dibuje si así es feliz. Que aprenda a cocinar y a valerse por sí mismo, que planche y limpie la casa. Que lea poesía o vea películas de acción. En definitiva, sólo quiero que sea libre.

Libre de lo que esta sociedad sigue inculcándonos día a día, con sus anuncios en TV donde salen amas de casa frotando las manchas de la ropa y donde salen hombres de éxito conduciendo coches lujosos. Libre de estereotipos, que llore cuando lo necesite y pueda decir sin reparos “hoy estoy sensible”. Libre de pensamiento. Y esta libertad también conlleva elegir a veces vestirse de súper héroe en un carnaval, y jugar con coches o espadas. Con las niñas ocurre igual, muchas quieren ser princesas y tener carritos de bebé por ellas mismas, nadie se lo ha impuesto, es lo que les gusta y lo que en ese momento les hace felices. Respetemos entonces la libertad en todas sus vertientes, ser princesa no implica ser machista. Algunas hemos creído serlo durante toda nuestra infancia, y aun así hemos llegado lejos. Cualquier creencia llevada al extremo deja de ser inteligente, es mejor ser flexible y respetar. Ya quieras ser princesa/príncipe o súper héroe/heroína, que sea tu elección y sea respetada. Esa es la libertad.

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5 thoughts on “Los estereotipos

  1. Me ha encantado tu opinión yo también soy de esa opinión porque hay que tener como yo digo la mente abierta para todo, ser permisivos en ese aspecto, la libertad para escoger un juguete o simplemente ver una determinada serie de dibujos, hay que fomentar desde pequeñito que nuestros hijos sean personas libres y sobre todo en el valor del respeto e igualdad hacia los demás.
    Besitos preciosa.

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  2. los estereotipos nos vienen dados a nivel cultural, es muy difícil enfrentarse a ellos aunque no imposible. Pero por encima de todo, estamos nosotros como padres para evitar caer en ellos en la educación de nuestros hijos. Tengo un sobrino de 3 años al que le encanta disfrazarse de princesa con la ropa de su madre. Resulta que para Reyes había pedido un disfraz de Frozen, que nadie estaba dispuesto a regalarle. Pues yo se lo regalé. Su felicidad con el vestido puesto no tiene precio, era superfeliz . Un abrazo.

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      1. Es que lo tenía muy claro. Su madre quería comprárselo pero tenía miedo de la reacción del padre (el padre es mi hermano y es bastante conservador). Pero yo que soy su tía y su madrina decidí arriesgarme y regalárselo. A día de hoy, el peque dice que fue su mejor regalo de Reyes.

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