Mi compañero de vida

No me gusta caer en los tópicos ni soy de las que declaran su amor sólo el día de San Valentín. Soy romántica, y me gusta sorprender a mi pareja de vez en cuando con alguna carta o alguna nota por casa diciéndole cosas bonitas; pero esto lo hago cualquier día del año, no necesito un día concreto para recordárselo. Tampoco me gusta hacerle regalos un 14 de febrero (ni que me los haga), pero sí me gusta aprovechar la ocasión para hacer algo diferente en pareja y dedicarnos un tiempo a nosotros. Y como ayer fue el día señalado, no quería pasar sin dedicarte unas palabras también aquí. Sí, sé que el blog es de maternidad, pero ¿acaso no es igual de importante el amor que hay entre los papás de la criatura? Fruto de ese amor nacen los hijos, ¿hay algo más grande entonces?

Fue un 14 de febrero de 2013 cuando nos mudamos y comenzó nuestra convivencia. No os voy a mentir, no ha sido en absoluto un camino de rosas. Nos ha costado lágrimas y conflictos, y adaptarnos el uno al otro fue muy duro. Quizá porque ambos somos bastante autoritarios y muy responsables, nos gustan las cosas bien hechas y somos muy meticulosos. Pero después de los primeros meses todo se fue normalizando, aunque a día de hoy aún tenemos nuestras cosillas, pero por fin podemos decir que tenemos la vida que queremos y estamos completamente compenetrados en el día a día.

Vivir con él no es difícil, me regala sonrisas cada mañana cuando se despierta. Le encanta hacerme reír y siempre está haciéndome bromas, yo soy más seria y cascarrabias pero aun así siempre me saca sonrisas. Nos gusta bailar espontáneamente por la casa y cantar nuestras canciones favoritas (a nuestro pelón se lo hacemos mucho y nos mira asombrados, debe pensar que tiene dos payasos por padres). Suele abrazarme por detrás y regalarme algún beso cuando estoy haciendo cualquier cosa en la cocina, y le encanta acercarse a mí cuando acabamos de comer para que le acaricie la espalda. Siempre me pide opinión y busca mi aprobación ante nuevas decisiones, y es sin duda la persona que más cree en mí y me impulsa a hacer lo que desee.

Me quiere tal como soy, aun conociendo lo peor de mí. Me mira con sus ojos brillantes y puedo ver a través de ellos, me transmiten amor y seguridad. Mi hogar es él, no necesito más que tenerlo conmigo para ser feliz. Me cuida como si de mi madre se tratara, me mima y me apoya. No necesito contarle que tengo un mal día, porque lo puede leer en mi cara. Sabe lo que voy a decir muchas veces antes de que yo misma hable. Nuestra conexión es brutal.

Son muchos años juntos, ya es muy difícil por no decir imposible imaginar mi vida sin él. No creo que nadie pueda entenderme tanto, ni conocerme como él lo hace. Sabe tratarme, y sabe llevarme que no es tarea fácil.

Hemos tenido muchísimos momentos buenos en nuestra historia (y muchísimos malos, por desgracia), pero con el que me quedaría por encima de todos ellos es con el día que nació nuestro peque. Ese fue el día que me demostraste tu fortaleza, tu capacidad para calmarme, el amor que sientes por mí, y que ambos podemos ser sólo uno. A pesar de ser un momento durísimo y, hoy por hoy, el más doloroso que he vivido; me sentí completamente reconfortada y “abrigada” por ti. Supiste ayudarme y animarme, supiste agarrar mi mano fuerte y decirme “tú puedes”. Fui fuerte gracias a ti, a tu inmenso cariño y tu compañía. Me siento orgullosa de nuestra unión y lo bien que lo hicimos como pareja aquel día, creo que ahí demostramos la profundidad de nuestros sentimientos.

Este último año, desde antes del embarazo y todo lo que le ha seguido, ha sido muy complicado para mí (él más que nadie lo sabe). Las hormonas en ocasiones me han vuelto loca, y soportarme se ha hecho agotador. He pasado momentos muy duros, y sólo tú has sabido abrazarme y calmarme. Tú me has dicho “todo va a salir bien” cuando lo necesitaba, y has sido víctima de mi rabia sin merecerlo. No tengo manera de agradecerte todo ese amor y cariño, de agradecer tu capacidad de perdonarme tantos errores y seguir apostando por nosotros.

Me enamoré de ti por tu transparencia, por ser bueno pero de los de verdad, por tu entrega, por tus ganas continuas de complacerme, por tus miradas tan expresivas, por tus manos y tu forma de tocarlo todo. Me enamoró tu sonrisa y tu alegría, tu motivación ante todo y tu capacidad de descubrir cosas como un niño. También me enamoró tu sabiduría y tu inteligencia, y que me has enseñado casi todo lo que sé de vivir.

Soy una gran afortunada pues mi sentimiento por ti sólo ha hecho crecer, y es completamente correspondido. Ahora tenemos el mayor regalo que nos ha hecho la vida, nuestro hijo, y sólo quisiera que él pudiera crecer siendo testigo de nuestro amor y poder inculcarle todas las virtudes que posees, y que yo no tengo. Sólo pido seguir despertando con vosotros cada día, con vuestras sonrisas, y seguir dándoos besos hasta que os gaste.

Gracias mi vida por tantos años de felicidad y amor, la vida gracias a ti es más bonita y llevadera. Eres el mejor marido y padre que conozco, espero poder ser también una buena mujer para ti y hacerte la mitad de feliz de lo que tú nos haces.

Te adoro, ya lo sabes…

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