¿Seré una buena madre?

Últimamente me hago mucho esta pregunta. Al ver a mi peque crecer y tener nuevas necesidades, me cuestiono muchas cosas y siento algo nuevo para mí: miedo.

Y sí, nunca antes había sentido miedo. Aunque más que un miedo como tal, es dudar de mis capacidades. Durante el embarazo era mi marido el que continuamente tenía dudas y estaba preocupado; y yo siempre le quitaba importancia y le decía que iríamos aprendiendo conforme sucedieran las cosas, que confiaba en nuestro instinto. Pero ahora sé que el instinto está bien para los primeros meses de vida, pero no para cuando el niño empieza a crecer y necesita adquirir unos valores y una educación.

Me da muchísimo miedo no hacerlo bien, quiero transmitirle cosas que antes debo adquirir yo. No me veo como el mejor ejemplo a seguir, pues creo que aún tengo mucho que aprender y mejorar. Siento el gran peso de la responsabilidad, de su educación, y temo profundamente equivocarme.

Por eso desde que me convertí en madre intento ser mejor persona, porque creo que los valores se transmiten desde que somos bebés. Ya hace un tiempo que mi peque no es tan bebé, y se da cuenta de todo. Hay días en los que estoy muy estresada, e intento con todas mis fuerzas mantener la compostura con él y transmitirle paz. No quiero que note mis nervios o preocupaciones, quiero que crezca tranquilo y feliz.

Para mí está siendo duro porque siempre he sido una persona muy impulsiva, reacciono ante las cosas tal y como me sale en el momento y sin pensar. Me he equivocado en muchas ocasiones por esto. Además se le une que soy muy pasional, y que no me callo una. De modo que ante cualquier situación de estrés o cabreo, mi método de defensa es expresarme como me sale y desahogarme. Si necesito dar un par de gritos los doy, si tengo que llorar lloro, si tengo que soltar más de alguna barbaridad por la boca… también la suelto. Y no, no puedo permitirme este tipo de comportamientos en presencia de mi hijo. Porque no quiero que aprenda esto, no son los valores que quiero transmitir.

Lo mismo me ocurre con los despistes. Soy bastante despistada con respecto a lo que me rodea, no sé si me explico. Soy de las que si tu casa es blanca y la pintas de rojo posiblemente nunca aprecie la diferencia, porque no me fijo en los detalles. Voy a lo mío. Y con el peque me ocurre mucho, que cada vez está más espabilado por lo que hace más cosas y tengo que poner mil ojos; y no me doy cuenta. Hace un mes aproximadamente, en uno de mis despistes y por la confianza que tengo (y no debería) en él, lo dejé sentado en el cambiador para coger un babero del armario (está justo pegado al cambiador) y cuando me giré se había caído al suelo. El susto fue tremendo, pero la culpabilidad fue peor. Nos fuimos al hospital corriendo, afortunadamente todo se quedó en ese susto y un chichón en la cabecita. Pobre mi niño, ahí me di cuenta del desastre de madre que tienes.

Me sentí (y me siento) muy mal por ello, porque pienso que como esa pueden pasarme mil cosas si no espabilo. Y no me perdonaría fallarle a mi hijo, es algo inviable para mí. No pretendo ser perfecta, no creo en ningún tipo de perfección. Pero sí quiero ser buena para él, la mejor. Quiero hacer de él una buena persona, con sus virtudes y defectos, pero con una buena base. Aquí su padre sí tiene mucho que enseñarme, y menos mal que lo tengo a él que me hace ver las cosas de otra manera y me apacigua.

Ser el primer hijo es duro, porque pagas el desconocimiento de tus padres y los tienes que enseñar. Es curioso todo lo que debemos aprender de un ser tan pequeñito. Lo miro y pienso que ahora es completamente puro, ajeno a cualquier tipo de maldad y lleno de amor. Me gustaría mantenerlo así siempre. Lo sé, es imposible. Crecer va de la mano de “contaminarnos”. Pero sí puedo intentar que se contamine lo mínimo, y para ello debo darle el mejor ejemplo.

Todos los días me propongo ser mejor persona, hay días que lo consigo y otros que no. Cada día al levantarme intento mejorar mi carácter, que nunca fue fácil, pero antes no tenía tanta repercusión como puede tener ahora. Creo que está sonando un poco a “machaque psicológico” pero para nada es así, simplemente quiero ser buena para él.

Nunca pensé que esto sería tan difícil, y que iba a sentir tanta culpabilidad continuamente. No es que viviera en una nube pensando que la maternidad era un camino de rosas, ya había escuchado muchas veces que sería el trabajo más duro de nuestras vidas. Pero hasta que no lo vives no puedes saberlo.

Lo nuevo para mí son estos sentimientos de culpa y miedo, porque no soy de esas personas que le dan demasiadas vueltas a las cosas o que teme lo desconocido. Siempre he estado muy segura de mí misma, conociendo mis posibilidades y mis limitaciones, pero no suelo achantarme ante nada. Afronto las cosas nuevas con ganas y positivismo, y suelo pensar que al final todo sale bien. Pero ahora es la educación y la estabilidad de mi hijo lo que está en juego, y con esto estoy siendo más respetuosa. Ahora sí tengo miedo por primera vez.

Siento que me estoy repitiendo demasiado y que realmente no estoy llegando a transmitir lo que deseo en realidad, perdonadme si es así pero últimamente ando escasa de “inspiración”. Hay días mejores y días peores, y hoy precisamente que me invaden estos sentimientos no es de esos días tan buenos.

Espero poder darle a mi peque lo mejor de mí, y eliminar en la medida de lo posible lo peor y no transmitirle lo que no me gustaría. Espero mirar atrás dentro de unos años y pensar “lo hice bien”, y tener tranquila mi conciencia. Me tendré que caer muchas veces, pero en todas me levantaré y seguiré intentándolo. Por suerte tengo el mejor compañero que se puede desear a mi lado y unos padres inmejorables, con su apoyo las cosas no pueden ir tan mal.

Espero que mi hijo algún día piense que sí fui una buena madre, nada me haría más feliz…

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Bendita rutina

¡Hola a todos! Estos días he estado en modo desconexión, no tenía la intención de hacerlo (al menos del blog) pero entre una cosa y otra al final siempre ha surgido un plan distinto y no he tenido tiempo para pararme a escribir; cuando llegaba la noche acabábamos agotados (bebé incluido) y la inspiración tampoco acompañaba. Pero ya estoy de vuelta y con las mismas ganas de siempre, la verdad es que pararte de vez en cuando a “respirar” tampoco viene nada mal.

Lo bueno de estos días es obviamente esa libertad que te da el no tener horarios, para disfrutar más de los tuyos y poder salir y entrar sin prisas. Aunque con un bebé de 7 meses esto se nota un poco en su estabilidad, y a veces sufrimos algunos cambios en su comportamiento debido a la falta de rutina. Pelón es un niño muy callejero, al que le gusta mucho salir de casa y estar rodeado de gente (e interactuando). A mí esto me encanta porque nos facilita mucho las cosas al papá y a mí, ya que no tiene problema para dormir fuera ni para comer. Aunque sí es cierto que cuando llega a casa está reventado de tanta marcha, y a veces este cansancio puede no dejarlo dormir con normalidad (en lugar de dormir mejor debido al agotamiento se pone más irritable). Pero, como ya he dicho, por norma general no suele dar problemas. No podemos quejarnos de nuestro pequeño ratón.

A pesar de esto, yo ya tenía ganas de volver a la rutina y estabilizarnos de nuevo. Tanto marido como yo somos personas muy ordenadas para eso, nos gusta tener más o menos establecido el día y seguir unas pautas. Nos aporta tranquilidad y bienestar. Y con el pequeño consideramos que también es imprescindible, de hecho desde que le hemos establecido la rutina está mucho mejor. Ya hablé un poco de ello aquí, pero hoy quiero contaros detalladamente los pasos que seguimos con él a diario (que no siempre se cumplen, somos muy flexibles y dejamos que él se adapte en función de cómo se presente el día). Son básicamente unas pautas orientativas, que nos ayudan a organizarnos y nos facilitan el diario a todos. Os cuento:

  • 08.00h: Despertarlo. Cambio de pañal y ver los dibus mientras desayunamos (le encanta Baby Einstein).
  • 09.00h: Biberón de cereales.
  • Hasta las 10.00h: Juegos, entretenimiento (normalmente lo ponemos en una mantita con todos sus juguetes mientras recogemos un poco la casa).
  • 10.00h: Primera siesta de la mañana (la hace en su cuna en el salón, con música relajante pero con la casa iluminada para que sepa que es de día).
  • 11.30h: Suele despertarse sobre esta hora, aquí lo vestimos y nos preparamos para irnos de paseo (salir a comprar o lo que necesitemos, es para que salga de casa y no se aburra).
  • 13.00h: Hora del almuerzo (ya come verduras con carne).
  • 14.00h: Segunda siesta (mientras nosotros almorzamos suele dormir).
  • 15.30h: Nos vamos de nuevo de paseo (siempre que no llueva, los días de lluvia son más complicados).
  • 17.00h: Merienda (fruta).
  • 17.30h: Tercera siesta (a veces se resiste y se duerme más tarde, aunque intentamos que no se acerque demasiado a la hora de acostarlo).  
  • 19.00h: Hora de juegos y ver dibujos (lo ponemos de nuevo en su manta y le ponemos los dibujos de fondo, le gusta jugar y escucharlos).
  • 20.30h: Hora del baño (en la bañera sigue jugando y gasta las últimas energías que le quedan).
  • 21.00h: Biberón de cereales.
  • 21.30h: Hora de irse a la cama (lo dejo acostado y aprovechamos para tener nuestro merecido ratito de relax marido y yo).

Como podéis ver la vida con un hijo consiste en dedicarte completamente a él, nos llevamos todo el día interactuando e inventando cosas que hacer para entretenerlo. Aunque es un niño un poco nervioso, es bastante bueno y se entretiene mucho jugando solo. A pesar de ser muy pequeño (7 meses) puede pasarse mucho tiempo en su manta con sus juguetes, los coge, los muerde, los tira, los choca, se ríe y emite muchos sonidos mientras juega… También le gusta mucho ver los dibujos en la televisión, y le hacen mucha gracia las marionetas de Baby Einstein. Desde que es muy pequeño es algo que le llama bastante la atención, y que nosotros aprovechamos para poner en orden la casa sabiendo que está entretenido (yo era de las que no quería ponerle televisión, pero en pequeñas dosis no viene mal y al menos nos deja espacio para hacer otras cosas). Tampoco quería bañarlo a diario, y hay días que si lo veo muy cansado no lo hago; pero normalmente se baña sólo porque queme energía (después del baño sale k.o.).

Como ya digo estos horarios son simplemente orientativos, no se cumplen a raja tabla ni pretendemos hacerlo. Simplemente son una ayuda para saber lo que hacer en cada momento, y están creados a base de observar su comportamiento y adaptarnos a lo que él ya hacía por sí mismo antes de establecer una rutina. Entre horas tendríamos que añadir unos 10 cambios de pañal al día (es bastante cagón) y varios cambios de ropa también, ya que se pone perdido entre babas y comida.

Para los papis y mamis que tengáis hijos, ¿tenéis establecida rutina? ¿cómo hacéis para tener un poco de orden en el día a día? Y para los que no los tenéis no os asustéis, aunque así escrito da la sensación de poca libertad se hace todo con mucho gusto y se disfruta cada momento con él, somos muy afortunados por poder pasar tanto tiempo con nuestro hijo y verlo avanzar y crecer cada día. Ya se sabe que una vez que tienes hijos nada vuelve a ser como antes, pero tampoco querrás que lo sea.

¡Feliz lunes a todos! Nos leemos 😉

Tan fácil como poner un huevo

Esta entrada puede que no guste demasiado, soy consciente de que voy a hablar de algo poco realista y bastante inmaduro. Pero hoy no estoy demasiado inspirada para contar algo interesante y tengo una amiga que cada vez que me ve me dice “estoy esperando el post del huevo, ¿eh?” así que creo que ha llegado el momento de exponer esta locura.

Antes de ser madre era muy distinta, en muchos aspectos, a como soy hoy día. Si me llegan a contar hace 2 años lo que iba a sentir y pensar ahora mismo no daría crédito. Pero la vida da tantas vueltas… y las situaciones nos cambian tanto, que todo lo que pudiste decir que nunca harías lo más probable es que lo termines haciendo. Y tengas que tragarte cada una de tus palabras, como me ha pasado a mí.

Mi yo antigua era totalmente “anti niños”. Nunca me llamó la atención un bebé, más bien al contrario. Me causaban un poco de aversión. Y los niños peor aún, me molestaban todos. Cuando estaba en algún lugar con niños me desconcentraban sus ruidos y movimientos, truncaban mi tranquilidad. Si se acercaban a mí a decirme cualquier cosa les solía sonreír un poco forzada y los ignoraba hasta que se fueran. Realmente no sabía cómo tratarlos ni cómo dirigirme a ellos. Mi instinto maternal era totalmente nulo.

Recuerdo hablar con esta amiga que he mencionado antes (si me lees ya estarás contenta!), en uno de los descansos que hacíamos cuando estudiábamos juntas en nuestra época de la facultad, sobre los hijos. Ella me decía que le gustaban las familias numerosas, que por ella tendría 4 niños. Yo me echaba las manos a la cabeza, y no hacía más que repetirle que estaba loca. Yo quería tener uno biológico, porque tenía curiosidad por saber cómo saldría la mezcla entre mi marido y yo, pero los demás quería adoptarlos. Digo los demás pero realmente lo que me planteaba era tener 2 como mucho, para que se hicieran compañía. Lo que yo no quería por nada del mundo era pasar un embarazo, y mucho menos un parto. Me daba pánico.

Siempre tuve miedo a esto, pero lo que sin duda lo agudizó fue un reportaje que vi allá por el 2006 sobre el parto (concretamente este). Sin duda este reportaje me traumatizó, por suerte la situación en estos 10 años ha mejorado. Pero en su día no comprendí muchas cosas, y me asustaba imaginarme el día del parto sin ser respetada o siendo demasiado intervenida. Tenía miedo al embarazo y los cambios que podía provocar en mí, pero más miedo me daba el desenlace. Yo siempre decía que quería que me durmieran y me despertaran ya con el bebé en el mundo, no entendía a mujeres que había escuchado decir que querían parir “a dolor” y sin ayudas. Me parecía prehistórico.

También había escuchado historias de partos horrorosas, de esas que te hacen temblar al imaginártelo. Mi propia madre tuvo una experiencia malísima cuando me dio a luz, y lo tenía muy metido en la cabeza. Aunque el parto de mi hermano no fue tan duro, pero parece que sólo se nos quedan las malas experiencias. Quizá algún día cuente mi llegada al mundo, porque daría para otro post, pero sin duda no es el parto deseado ni tan respetado como cualquier mujer merece. Además mi madre también tuvo depresión posparto, la pobre se llevó el premio gordo.

Por todo ello, poco a poco, mi visión fue haciéndose más extremista, y llegué a pensar que la naturaleza era cruel con la mujer. A veces la odiaba, porque creía que todos los males nos lo había dejado a nosotras y que a los hombres sólo les había “castigado” con la calvicie (y no a todos). Nosotras desde muy jóvenes, algunas más que otras, con la menstruación y sus molestias. Nuestro cuerpo hecho exclusivamente para procrear. Lo veía como una imposición, si quería tener hijos biológicos no me quedaba otra que tenerlos yo (cuando escuché sobre los vientres de alquiler me fascinó la idea, pero sabía que era una utopía para mí). Entonces fue cuando un día en una conversación lo dije en plan bromista pero al final se me quedó, la idea del huevo.

Hoy lo pienso y hasta me río, mi marido se molestaba cuando hablaba de eso delante de otras personas porque decía que era una idea ridícula (él siempre se ha fascinado con la naturaleza y funcionamiento del cuerpo humano, y el cuerpo de la mujer y su capacidad aún más). Pero cuando salía el tema y se me calentaba la boca al final acababa defendiendo mi locura, yo soy así de natural y espontánea. Lo que yo quería era gestar un huevo, después ponerlo e incubarlo. Quería que tanto el hombre como la mujer tuviéramos la opción de hacerlo, que no nos lo impusiera la naturaleza a un solo género. Lo que quería en definitiva era compartir esa “carga”, y no pasar por un proceso tan duro como el parto. Realmente no pensaba que eso fuera lo ideal o que pudiera ocurrir, no os asustéis, empezó como una broma y después se convirtió en un “ideal”. Hoy en día nos reímos al recordarlo y se ha quedado como una simple anécdota, un recuerdo de aquellos tiempo y de mi inmadurez quizá.

Debido a esto durante mi embarazo hemos bromeado muchas veces con lo del huevo, y el parto era un acontecimiento clave para mí. Sé que no sólo para mí, todas las mujeres lo temen y les impone; pero lo mío tenía más acento por todo lo de antes. Es cierto que durante el embarazo vas cambiando inconscientemente y vas asimilando la nueva situación, y cuando llega el día (al menos en mi caso) no tienes miedo porque estás ansiosa por tener a tu bebé contigo. Una vez metida en faena no piensas en nada, simplemente te dejas llevar. Yo, como ya comenté al contar mi experiencia aquí y aquí, iba muy mentalizada. Durante el embarazo vi muchos vídeos y documentales de partos, a mí personalmente me sirvió para mentalizarme. Y tenía tan asumido que iba a ser la peor experiencia de mi vida (debido al trauma que aún seguía dentro de mí), que ya no tenía miedo. Cuando tus expectativas son tan malas, no puede pasar nada peor a lo que imaginas. Así, mi resultado final fue un parto maravilloso que repetiría todas las veces que fuera necesario. Al final mi trauma fue mi mejor aliado, y todos los miedos relacionados con el parto se esfumaron de golpe.

Si me lo hubieran contado antes quizá la utopía del huevo nunca habría existido, pero pienso que todo eso fue lo que me ha ayudado a tener una buena experiencia. Y ahora soy una persona distinta porque lo he superado, por perder ese miedo, y porque he descubierto el amor infinito que da un ser tan pequeño. Ahora sí, voy por la calle y miro al resto de bebés con ternura. Ahora sí quiero cogerlos y darle mimos. Ahora tolero más a los niños y entiendo que el mío pronto será uno de esos pequeños seres molestos, al que seguramente alguna chica odiará y pensará al verlo que nunca querrá tener hijos. Hasta que un día la naturaleza, como a mí, le haga cambiar de opinión y salten las alarmas del cuerpo para pedirle un bebé. Entonces amiga, todo ya estará cambiando sin que te des cuenta, y te convertirás en esa mujer de la que tanto renegaste. Pero no debes preocuparte, porque entonces será cuando empieces a vivir la mejor etapa de tu vida…