La temida lactancia (parte II)

Continúo con mi experiencia con la lactancia, que dejé a medias en el otro post para no extenderme demasiado. 

La subida de la leche

Nos dieron el alta al día siguiente y por fin volvimos a nuestro hogar. Yo tenía muy claro que tenía que dedicarme a darle el pecho a mi pequeño, y fomentarlo lo máximo posible para conseguir la subida. Por suerte no tuve ningún problema asociado a la lactancia, ni grietas ni nada por el estilo; sí me dolían un poco los pezones los primeros días y estaban sensibles (supongo que debían adaptarse a la nueva situación), pero no supuso ningún impedimento. Al quinto día, cuando me desperté en una de las tomas nocturnas (seguíamos con teta+bibi, así que tenía que levantarme a darle biberón) noté que tenía la camiseta mojada. No me lo podía creer, por fin tenía la tan ansiada leche. Y se notaba, pues el niño tragaba más de lo habitual y después el biberón lo comía menos ansioso. El proceso siempre era el mismo, primero teta y después biberón. Teta a demanda cada vez que quisiera, biberón como mínimo cada 3 horas. Las cantidades de leche de fórmula eran mínimas, le dábamos por toma 30 o 60 ml (dependiendo de cómo viéramos al niño). Así, por las noches, empecé a retirar el biberón (viendo que se dormía en el pecho y se saciaba). Pero pensaba que durante el día no iba a ser posible, porque era un niño bastante comilón y estaba acostumbrado a un ritmo que yo no iba a poder alcanzar con mi producción.

Adiós a la leche de fórmula

Me equivocaba pensando que no podría retirarlo, porque poco a poco y sin darme cuenta fuimos eliminando biberones también durante el día. Ya cada vez requería menos ese aporte extra, y como yo me lo ponía al pecho continuamente nunca se quedaba con hambre. De modo que un día decidí probar y no darle ni un bibi, y pasó el día tan campante sin extrañarlo. Fue entonces cuando decidimos que los biberones ya habían pasado a la historia. Esto que os cuento no duró más de un mes, por lo que en poco tiempo conseguimos establecer la lactancia materna exclusiva y, lo que es mejor, disfrutar de ella. El peloncete era muy demandante, a veces sólo pasaba una hora entre tomas, pero ahí estaba yo para darle todo lo que pidiera. Me sentía inmensamente satisfecha al ver que había conseguido por mí misma eliminar los bibis, y que no los necesitaba porque “yo no tenía leche” (como tanto se escucha). Yo podía alimentar a mi hijo sin ayuda extra, y estaba orgullosa de mi esfuerzo.

La lactancia no es un camino de rosas

Lo que cuento, aunque pueda sonar bien, no es toda la cara de la lactancia. Está la otra parte, la no bonita, que es la que te hace querer abandonar algunas veces. La lactancia es muy sacrificada y agotadora. Durante los primeros meses no puedes separarte del bebé, porque demanda a todas horas y aleatoriamente. No hay horarios ni lugar, si quieren teta hay que dársela (ya sabemos que no sólo piden teta por hambre, que hay en relación otras necesidades que se cubren también así). Las noches también son duras, aunque si haces como yo pasan menos factura (duerme con nosotros y chupa cada vez que quiere). Las crisis hay que pasarlas, y echarle paciencia. Yo no tenía ni idea de que existían estas “crisis de lactancia”, y cuando pasamos la primera no entendía qué le ocurría al pequeño (sobre los 20 días de vida). Pataleaba, se enfadaba, soltaba y agarraba el pezón continuamente, demandaba cada más frecuencia aún… Pensaba que se quedaba con hambre y darle el pecho era un momento incómodo en el que no disfrutábamos de una tranquilidad, porque él se ponía como ya os he descrito. Ahí seguíamos con biberón, así que lo suplía dándole el bibi y se quedaba más tranquilo (lo que me hacía preocuparme más, porque pensaba que no quería el pecho). Después supe que era una crisis, y cuando vino la de los 3 meses (para mí la peor) supe gestionarla mejor. También tuve mis dudas cuando le retiré el biberón porque no sabía si estaba tomando suficiente leche, pero al ver que aumentaba de peso y que se encontraba bien ya pude empezar a relajarme. La responsabilidad que sientes es muy grande, porque tu hijo está dependiendo exclusivamente de ti. Y tienes que escuchar muchos comentarios que no te gustan (es que él es muy comilón, es que con la teta sólo él no se conforma, es que tu leche es tal y cual). Hay que ser fuerte y confiar en tu capacidad, porque nadie mejor que tú sabe lo que tu hijo necesita y nadie mejor que tú va a saber qué darle. Tú puedes, jamás lo dudes.

Yo era de aquellas que no entendía qué necesidad había de dar el pecho en un lugar público, desde mi incultura claro está pues no sabía que los bebés no tienen horario de comidas. Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve que darle de comer estando en un bar (no salíamos nunca al principio, pero después empezamos a adaptarnos y hacer más vida pública), lo pasé francamente mal y estaba avergonzada. Tenía miedo de que se viera algo, y de que alguien me echara alguna mirada de reprobación. Sobreviví a aquella primera vez y tras esa vinieron muchas más. Y hoy en día es algo que hago con la mayor naturalidad del mundo y sin el menor reparo, hasta el momento nadie me ha hecho sentir incómoda ni he recibido críticas por ello. Confío en que poco a poco esta sociedad aprenda a respetar y entender algo tan natural y trascendental como es la lactancia materna, tengo la impresión de que hay un gran desconocimiento generalizado sobre el tema (incluidas mujeres, de hecho mujeres que ya han sido madres) y que las que decidimos amamantar somos “las raras”.

Yo no puedo decir que los primeros meses haya disfrutado de la lactancia, para mí era algo que hacía exclusivamente por el bien de mi hijo y porque pensaba que era lo mejor que podía darle. Siempre lo he respetado y no le he marcado tiempos ni límites, he dejado que disfrute de su teta todo lo que quisiera. Ahora que ya tiene 6 meses y estamos con la alimentación complementaria he descubierto que me gustaba darle el pecho y pasar esos ratitos sólo nuestros, he sentido pena al pensar que poco a poco iremos perdiéndolos. Es cierto que se crea un vínculo emocional madre e hijo (que no es exclusivo de la lactancia, se crean muchos vínculos afectivos de otras maneras también) y que la dependencia es mutua. Pienso en el día en que ya no tome el pecho y me entra tristeza, como si perdiera una parte de mí. Supongo que forma parte del proceso de aceptación del crecimiento de nuestros hijos, pues inevitablemente eso significa que ya no son bebés y que no nos necesitan tanto (aunque obviamente siguen dependiendo de nuestros cuidados).

Mi consejo, para concluir, es que si quieres dar el pecho tengas paciencia, constancia y confianza en ti misma. Que va a ser difícil y caótico al principio, pero poco a poco cogerá forma y os adaptaréis; incluso lo disfrutarás. Tómatelo como vuestro momento y saboréalo, agarra la mano de tu bebé, háblale, dale besos. Verás que, a pesar de los momentos duros y sacrificios que conlleva la lactancia, merecerá la pena. Y como ya dije antes, si el sufrimiento y el estrés superan al beneficio no te frustres y opta por lactancia artificial. Recuerda que una madre feliz es un niño feliz.

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6 thoughts on “La temida lactancia (parte II)

    1. Muchísimas gracias por decirme esto, el apoyo es en la mayoría de los casos un factor clave para conseguir que funcione pero no siempre es fácil obtenerlo. Y creer en ti misma es difícil cuando las cosas se complican, también se necesita un empujón… Un beso enorme!

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    1. Muchas gracias!! Al principio me pareció que no lo conseguiría y después me sentí muy orgullosa, es cierto que se le coge el gustillo con el tiempo (supongo que cuando ya está establecida y te manejas mejor). Ahora me da penita abandonarla… Un besote!

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    1. La culpabilidad que arrastramos las madres debido a la gran responsabilidad que tenemos… Es uno de los lastres que deberíamos quitarnos, sea lactancia materna exclusiva, mixta o artificial estamos dándole lo mejor (que no se centra sólo en su alimentación, nuestros cuidados y el cariño son igual de importantes). Tu peque será el más feliz del mundo igualmente, así que fuera culpabilidad! Para él no habrá otra mami como tú 😉
      Un besote y gracias por pasarte!

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