La matrona que nunca soñaste

Cuando descubres el positivo y se te pasan mil dudas por la cabeza, lo primero que haces es coger cita en tu centro de salud (si decides llevar el embarazo por la sanidad pública) para ver a la matrona (o matrón) y que ella te las resuelva y te oriente en todo lo que necesites. Siendo primeriza estás muy perdida, no conoces el procedimiento a seguir durante el embarazo y estás deseando que llegue el día de esa primera consulta para poder saber más cosas.

Yo supe que estaba embarazada estando de 5 semanas, y mi primera cita con la matrona fue en la semana 6. Mi marido quería acompañarme pero justo ese día trabajaba (trabaja también en sanidad y tiene turnos raros), así que fui solita (mi madre se ofreció pero le dije que no era necesario). Iba ilusionada, esperando encontrarme a alguien amable y cercano, recibir mi cartilla de embarazo y salir de allí con todas las dudas resueltas. Qué decepción me llevé. La mujer en sí no era desagradable, pero tampoco era la más acogedora del planeta. Creo que la consulta duró 5 minutos, me preguntó mi edad, si había tenido embarazos anteriores y cuándo fue la última regla. Aquí supo que estaba de 6 semanas, y fue cuando me soltó la primera fresca “ay pero si no estás casi de nada, mejor te vienes dentro de 2 meses y si no lo has perdido ya empezaremos”.

Os podéis imaginar la cara que se me quedó al salir de la consulta. Y la desilusión tan grande que sentí. Fue tan poco empática que la única sensación que me dejó fue que podía perder al “bebé” en cualquier momento. De hecho, dos días después, comencé a sangrar. Ya os conté mi experiencia con el hematoma aquí, por lo que no quiero repetirme. Por suerte todo salió bien, y sólo quedó en un susto. A la matrona la volví a ver ya cuando todo había pasado (fijaos si dejó tiempo hasta la consulta siguiente), y ni siquiera se preocupó por saber lo que me había ocurrido ni cómo había evolucionado. Yo, por suerte, puedo costearme una ginecóloga privada que fue la que me hizo el seguimiento del hematoma y la que me aseguró que todo seguía perfectamente. Pero si no hubiera podido permitírmelo, habría estado desde el día 19/12 que fui a urgencias hasta el día 28/01 (día de la consulta con la matrona) sin un control por parte de ningún especialista. En urgencias me dieron unas pautas a seguir, y listo. Y mi querida matrona ni me preguntó, ni se molestó en mirar mi historial. Aquí ya me di cuenta del grado de involucración que tenía y de las pocas ganas con las que realizaba su trabajo.

En esta siguiente cita sí me dio la cartilla de embarazo, me hizo algunas preguntas personales (ocupación, si era fumadora, antecedentes médicos) y me pesó. Le pregunté por la alimentación que debía seguir, porque sabía que había alimentos prohibidos (me había informado por mi cuenta vía internet) y necesitaba que me orientara. Una vez más me sorprendió con su escasez, su aportación fue “come de todo, sin abusar de patatas fritas y esas cosas, y olvídate de la comida china”. Yo con miedo de contraer la famosa toxoplasmosis y su única recomendación es que no vuelva a ir a un chino hasta que tenga al niño. Fabuloso.

En general y a modo resumen, el trabajo de esta maravillosa mujer era el siguiente: pesarme, tomarme la tensión, escuchar el latido del bebé y darme las correspondientes citas para las analíticas y las ecografías. Consejos ninguno, orientación escasa, importancia por mi caso en particular nula. Yo llegué a plantearme dejar de ir, porque para comprobar que estaba engordando ya me lo decía la ropa. Eso es otra, porque engordar engordé unos 30 kilos (lo sé, se me fue de las manos); pero ella nunca me llamó la atención por eso. Me decía que anduviera y me moviera, pero que con el calor que hacía era normal que no quisiera andar (que ni ella tenía ganas). Otra de sus perlas, con la que mis amigas se ríen mucho al recordarla, fue cuando le comenté en una de las consultas que lo estaba pasando muy mal porque tenía mucha ansiedad y quería comer chocolate continuamente; y ella me recomendó que en esos momentos lo que debía hacer era comerme un pepino. Sí señores, un pepino. La que sepa lo que es el mono de dulces me entenderá, y si alguien es capaz de comerse un pepino y calmarse con él cuando el cuerpo le pide chocolate a rabiar que me diga cuál es el truco. La solución para ella era así de simple, a mí desde luego nunca me funcionó.

Las clases preparto también se merecen su mención, impartidas por ella por supuesto. En total 4 clases, una por semana en una sesión de 2 horas cada clase (ella ocupaba 1 hora a lo sumo). Primera clase dedicada al embarazo, segunda al parto, tercera a la lactancia y cuarta al recién nacido. Las clases se empezaban a partir de la semana 34 aproximadamente (es cuando ella lo recomendaba). Yo asistí a la primera estando de 31 semanas, porque se iba de vacaciones y tenía que adaptarme. En la primera clase nos explicó todo el proceso de embarazo (con unas diapositivas, como si estuviéramos en la facultad), y yo me preguntaba ¿es necesario contarnos esto ahora que estamos a semanas de parir? Los síntomas, los cambios del cuerpo, la alimentación que debíamos seguir… ¡a buena hora! Para mí fue una completa pérdida de tiempo. En la clase dedicada a la lactancia la idea que nos trasmitió fue que no nos complicáramos la vida, que la lactancia era muy compleja y que el primer mes “te lo pasabas con las tetas fuera” (palabras textuales); que si no se podía biberón y tan contentas. En la clase dedicada al parto nos enseñó unas respiraciones (parecíamos perritos allí jadeando), y nos dijo que hoy en día teníamos la epidural para solucionarnos el problema; pero que toda la vida se había parido sin ella y que podíamos aguantarlo. Y la última me la perdí, porque ella misma me citó para la ecografía de las 34 semanas ese mismo día a la misma hora de la clase (la eco era con un ginecólogo en otro lugar). Le comenté si podía cambiarme la cita, que estaba interesada en asistir a la clase dedicada al recién nacido (no había visto uno en mi vida, y por poco que nos contara al menos nos daría unas nociones básicas); su respuesta fue que esa era la clase menos importante y que no me perdía nada. Desde luego que no me lo perdería, con esa actitud ya me dirás tú lo que nos ibas a enseñar.

La última consulta que tuve fue en la semana 34, pues coincidía con el inicio de sus vacaciones y ya no volveríamos a vernos más. Ella se incorporaba justamente en mi FPP, y me dio cita para ese día por si quería pasarme (si no había parido ya). Era la única matrona en mi centro de salud (es muy pequeño) y lo más fuerte es que no cubren sus vacaciones, ese puesto “se cierra” en ese tiempo y te quedas sin nadie. Me comentó apenada que quería cogerse 2 meses, pero que le habían puesto problemillas y que finalmente no iba a poder ser. Tócate los huevis. El caso es que en mis 34 semanas y con 94 kilos de peso (8 de julio, en Sevilla y con ola de calor incluida) detecta que tengo la tensión un poco alta. Me recomienda que me la controle una vez a la semana, sin obsesionarme, y que si alcanza en algún momento los límites de 140/85 mmHg acuda a urgencias (lo preocupante era especialmente el límite inferior). Justo ese día tengo apuntado en la cartilla 135/85 mmHg, pero me manda para mi casa tan pancha.

En esta consulta también me realizó la prueba del estreptococo, me dijo que en unas semanas acudiera a mi médico de cabecera que me daría los resultados ya que ella iba a estar de vacaciones y no nos íbamos a ver (hay que acudir con esos resultados al hospital, porque sin tenerlos lo normal es que te administren antibióticos el día del parto para no contagiar al bebé). Pasan dos semanas y voy a mi médico para pedirlos, una tremenda odisea porque esa prueba no aparecía por ninguna parte (en el programa informático que ellos tienen, desde el que acceden a tu historial y pueden ver todo lo que te han hecho). Me confirma mi médico que esa prueba no está pedida, me hace el gran favor de llamar al laboratorio del hospital donde las analizan (se portó súper bien conmigo) y desde laboratorio le dicen que no han especificado el cultivo que hay que hacer con esa muestra. El exudado estaba allí con mis datos, pero nadie había indicado para qué. A mi médico le dijeron que tenía “flora habitual” y salimos de la consulta tan contentos, después el día del parto supimos que flora habitual no significaba que el resultado fuera negativo. De modo que el día del parto el resultado del estreptococo seguía siendo “desconocido”, aún así decidieron no administrarme antibióticos y todo finalmente salió bien. Para mí fue otro motivo más para corroborar la falta de profesionalidad de esta señora, jugando con algo tan importante como eso (pero claro, ese día ella se iba de vacaciones y la cabeza la tendría ya en otra parte).

La veo por última vez en mi FPP (pues di a luz 5 días después), al entrar por la puerta de la consulta me suelta “¿tú que haces aquí? ¡Si deberías estar pariendo!”. Ese comentario me encantó, ya que llevaba semanas agotada y no veía el día en que me pusiera de parto. Como si fuera algo que yo pudiera controlar señora. Me dijo que lo que tenía que hacer era andar mucho y mantener relaciones sexuales para acelerar el asunto. Comprobó el latido del niño y me tomó la tensión, la cual estaba en 130/90mmHg pero ella se quedó tan tranquila. Le quitó importancia, le echó la culpa al calor y me dijo que no me preocupara. Ese fue el último día que la vi, pues para el postparto ni he ido a la revisión que se recomienda (teniendo a mi marido no necesitaba que nadie me revisara, él también sabe hacerlo). Total, para lo que hace.

Así que he estado muy descontenta con el seguimiento de mi embarazo por parte de esta “profesional”, que al ser la única en mi centro de salud pues no tuve oportunidad de cambiar por otra. Me he sentido muy poco amparada por ella, con una gran ausencia de conocimiento y resolución de dudas. Poca empatía y pocas ganas en general de involucrarse, como si la historia no fuera con ella. Oigo opiniones maravillosas de otras matronas y las envidio, porque yo al ser primeriza necesitaba mucha orientación pero no tuve esa suerte. Para un próximo embarazo voy a intentar cambiar de centro, a ver si encuentro a alguien más competente (aunque con el segundo supongo que vas con más tranquilidad ya que no te pilla de nueva).

Y vosotras, ¿qué experiencia tuvisteis con vuestra matrona? ¡Espero que sea mejor que la mía! No es difícil de superar la verdad 😉

Un beso fuerte, gracias por pasar por aquí.

¡Feliz fin de semana!

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12 thoughts on “La matrona que nunca soñaste

  1. Madre mía. Siento que te haya tocado una matrona así. Tristemente hay malos profesionales en todos los ámbitos pero cuando se trata con mujeres en este periodo de la vida hay que tener más empatía, si cabe. Me alegro de que finalmente todo saliera bien y espero que pronto escribas una entrada contándonos lo bien que te va con tu nueva matrona 😉 un abrazo!!!

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  2. me has recordado muchisimo a mi primera visita con la matrona donde me dijo, bueno esq no solemos atender a chicas q estan de tan poco pq hay muchas que lo perdeis y es normal, ya lo sabemos…pero nos resulta un poco duro que nos digan eso en la primera visita, sobre todo porque vamos con la ilusion de nuestras vidas.

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  3. A mi también me dijeron lo mismo en la primera visita apenas estuve unos minutos y ni tiempo a sentarme me dio, me dijo que hasta la semana 8-9 no hacían nada por si acaso, y bueno… Entre que unas pruebas me las he hecho aquí y otras en mi ciudad al matron para lo justo.
    Me alegró que todo saliese bie.
    Besitos.

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  4. Que te comieses un pepino!? En serio?! Madre mía vaya matrona.. Esa mujer no tiene vocación ni tiene nada. Y lo que te dijo en la primera visita.. Sin comentarios.

    Yo tuve suerte con mi matrona. Era muy amable, me aconsejó muy bien y hacía un seguimiento mensual. Después de ingresar por contracciones con riesgo de parto prematuro, me quiso ver cada semana.
    Mi hija nació el día antes de tener control con ella, y al no verme en la consulta se preocupo y buscó en mi historial si estaba ingresada. Cuando leyó lo ocurrido (un desprendimiento de placenta) se puso en contacto conmigo para preguntarme cómo nos encontrábamos la pequeña y yo. Un ángel la mujer.

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    1. Qué suerte topar con alguien a quien sí le gusta su profesión y se implica, la tuya desde luego se portó de maravilla y se preocupó realmente. La mía está claro que estaba ya un poco quemada (es mayorcita) y yo creo que no ve el día en que llegue a jubilarse. Tiene que haber de todo, es cuestión de suerte! Has contado alguna vez sobre tu parto o el nacimiento de tu hija? Tiene que estar interesante, espero que no lo pasarais muy mal. Besos!

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