16 de agosto

Eran aproximadamente las 05:30h de la mañana del domingo 16 de agosto cuando me despertó el dolor. Me encontraba de 40+3 semanas, según mi FPP debería haber dado a luz el miércoles 12; aunque la verdad es que yo ya estaba desesperada desde 2 semanas antes. Recuerdo el mes de julio como el más largo de mi vida, veía pasar los días lentamente y pensaba “¿aún estamos a día 8?”. No veía el final de aquella espera, ya no me encontraba tan cómoda y ese calor infernal no me ayudaba en absoluto.

No había tenido ningún síntoma previo que llamara mi atención, llevaba expulsando el tapón mucoso desde el día 12, eso sí, pero cada día me salía un poco y no era nada alarmante; me encontraba perfectamente (sin tener en cuenta las molestias típicas de mi estado ya tan avanzado). De hecho, había quedado para cenar con mi mejor amiga ese mismo domingo (estos últimos días salía poco, porque no tenía ganas y de humor andaba regular). Lo que no imaginaba es que no iba ni a cenar, porque estaría en el hospital de parto.

Como he dicho me desperté sobre las 05:30h, recuerdo estar dormida y en sueños sentir dolores hasta que uno de ellos me despertó. Me entraron ganas de ir al baño y hacer caca (siento ser explícita, pero forma parte del proceso) lo cual me extrañó, pero pensé que sería por la cena del día anterior y volví a acostarme. Ya acostada, sentía como oleadas de pequeños dolores menstruales que iban y venían. No sabía identificar en ese momento si eran contracciones o si era algún tipo de molestia digestiva (pensé que quizá estaba con gastroenteritis, por eso las ganas de ir al baño). Me dormía a ratos, porque los dolores venían regularmente (quizá cada 20 minutos o 30, no sabría decir porque no los estaba cronometrando). Cada vez el dolor era un poco más intenso, aunque súper llevadero, así que decidí estar en la cama todo el tiempo posible. Cuando mi marido se despertó, que serían sobre las 08:30h, le comenté lo que me ocurría. Le dije que no estaba segura de que fueran contracciones, que mejor viéramos cómo iba avanzando el día. Él me sorprendió y se lo tomó con mucha calma (normalmente se pone más nervioso que yo en situaciones similares), lo cual me ayudó a estar tranquila.

Desayunamos como cualquier día, y como cada vez me dolía más y no había dormido apenas nada decidí echarme en el sofá e intentar descansar. Pienso que aquí se espaciaron un poco, porque pude dormir como hora y media tranquilamente. Me desperté de nuevo por el dolor y las ganas de ir al baño, y ya fue cuando empecé a aceptar que seguramente estaba teniendo contracciones y que con suerte todo acabaría pronto.

Durante el almuerzo las contracciones ya eran más cañeras (pero ni por esas se me quitaba el hambre), ahora nos reímos mucho recordando que mientras comíamos me venía alguna contracción y me tumbaba hacia atrás en el sofá esperando a que se fuera, para después incorporarme y seguir comiendo tan tranquila. Aquel día almorzamos habas con jamón y un pastel de patata, no se me olvidará nunca. Tras el almuerzo me subí a la habitación a echarme en la cama, estaba ya muy molesta con el dolor y pensé que acostándome y relajándome lo sobrellevaría mejor. Mi marido me encendió unas velas, puso música relajante, todo oscurito, y se acostó a mi lado. Fue ahí cuando empezamos a cronometrarlas, yo le avisaba cuando venían y él iba contando. Alrededor de las 18:00h ya tenía contracciones cada 5 minutos y con una intensidad de 1 minuto cada una, además tenía la tensión muy alta (no recuerdo ahora cuánto) y nos asustamos un poco; decidimos que lo mejor era irnos para el hospital y no jugárnosla.

Mi mayor temor era llegar y que, tras reconocerme, me dijeran la frase típica “estás muy verde” y me mandaran de vuelta, por eso quería aguantar en casa todo lo posible para llegar al hospital y poder quedarme ingresada. Antes de salir de casa me di una ducha “relajante” y volví a hacer caca (mi cuerpo quería vaciarse para poder trabajar mejor, supongo). Sí, lo sé, me llevé todo el día yendo al baño pero después lo agradecí en el momento del parto porque ese era uno de mis mayores temores (siempre había escuchado que lo normal durante el parto era hacerse caca, y yo me libré de tantas veces que lo hice antes). Me daba pánico que eso me ocurriera, aunque sé que es lo más normal del mundo y que en ese momento es hasta insignificante…

Llegamos al hospital los dos primerizos, pensando aún que no estaba de parto, así que en lugar de aparcar el coche en el parking buscamos sitio por la zona (imaginaos alrededor de un hospital lo que cuesta aparcar). Efectivamente aparcamos súper lejos, y allá que iba yo con el barrigón a las 7 de la tarde en pleno agosto en Sevilla y con contracciones. En un semáforo recuerdo pararme a respirar porque me estaba dando una fuerte y no podía andar. Para rematar, la entrada al hospital tiene una cuesta que también tuve que subir. Llegué con la lengua fuera y reventada. Hoy día no sé por qué hicimos eso, creo que los nervios no nos dejaron pensar con claridad y actuamos por inercia. Ya podría haberme dejado mi marido en la puerta con el coche y volver él después, pero yo iba a lo complicado jajaja! Otra anécdota más del día para recordar.

Lo primero que hicieron fue pasarme a monitores, ¡qué infierno! Creo que fue lo peor de toda la experiencia, y pensaréis que es una exageración. En monitores lo normal es estar unos 30 o 45 minutos a lo sumo, pues yo me llevé 2 horas y media amarrada a esa camilla aguantando el dolor y con unas ganas incontrolables de ir al baño (otra vez). Yo veía que cuando me venía la contracción la pantalla no indicaba nada, y miraba a la de mi compañera (estábamos dos chicas en la sala) y veía que estaba tan tranquila y el aparato sí reconocía sus contracciones. Pensé que o la chica era muy fuerte o realmente el mío no estaba funcionando correctamente. Se lo comenté a la primera matrona que entró, y me dijo que yo sería muy sensible al dolor porque no estaba teniendo contracciones. En ese momento me quedé fría, y pensé que definitivamente tenía una gastroenteritis. No eran normales esos dolores y esas ganas continuas de ir al baño… sin embargo ahí seguí, no muy conforme con lo que la chica me había dicho (si algo no soy es sensible al dolor, lo he comprobado en más ocasiones y me conozco lo suficiente para saberlo). Me sentó un poco mal que me dijera eso, así que en cuanto entró otra matrona volví a comentarle lo mismo (que el monitor no marcaba nada y que creía que tenía las correas mal puestas). Me miró y dijo que estaban bien colocadas, que esperara un poco más a ver si marcaba alguna contracción. En todo este tiempo ya habían pasado dos embarazadas distintas y habían salido, y yo seguía allí. La última al salir y verme como estaba (yo me agarraba a la camilla cuando me venía el dolor porque no sabía cómo ponerme) me deseó suerte, y me sonrió con mucha dulzura. A todo esto mi marido seguía fuera esperando, asustado y preguntando por mí a todo el personal que veía; y nadie le decía nada al pobre.

Entró una tercera matrona (nunca olvidaré su cara, fue mi salvadora) y volví a explicarle lo mismo. Cuando revisó las correas me confirmó que estaba mal colocado, y se disculpó por el tiempo que llevaba allí sin que nadie me solucionara nada. Entonces sí se empezaron a marcar las contracciones, así que debía quedarme allí otros 45 minutos para poder sacar la gráfica. Tengo muy mal recuerdo de aquellas horas allí, de pensar que mi marido estaba fuera preocupado y que nadie me estaba prestando la atención que necesitaba; y lo peor sin duda era aguantar el dolor en esa posición. Se me hizo eterno.

Cuando por fin salí de monitores, me encontré con mi marido con la cara descompuesta y súper preocupado, ya había llamado a mis padres porque se temía lo peor (habíamos acordado que no llamaríamos a nadie hasta que no estuviéramos en la habitación con el niño ya con nosotros). Fue entonces cuando me pasaron a hacerme un reconocimiento, una matrona muy agradable y cariñosa que me trató fenomenal. Me dijo que tenía la bolsa a punto de romper, y que ya estaba de 3 centímetros. ¡Buenas noticias me quedaba ingresada! Me dieron mi bata y nos mandaron a una habitación de dilatación…

Lo que queda por contar es la mejor parte, pero la dejo para el próximo día (que ya me he extendido demasiado). ¿Os sentís identificadas? ¡Quiero conocer vuestras experiencias!

Feliz comienzo de semana, besos!

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17 thoughts on “16 de agosto

  1. No me extraña que estuvieses deseando parir. Menudo calor que hizo el pasado verano y encima en Sevilla. No te creas, que me da un poco de envidia sana tu parto natural. Me hubiese encantado ponerme de parto y que no hubiesen tenido que provocarmelo. En fin, a la espera de la siguiente entrega. Un beso enorme.

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    1. Yo tenía programada la inducción para 3 días después de ponerme de parto por mí misma, me daba mucho respeto pero si no me hubiera quedado otra pues habría tenido que pasarla… Hay veces que se necesita una ayudita porque están muy a gustito dentro! Muchos besos!

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  2. Estoy deseando leer la próxima entrega!!
    Como te entiendo en lo de que no pasaban los días. Mi rubiales nació a finales de julio y aquí en Valencia también hace un sol de tres pares de narices… menudo veranito que pasamos! aunque mereció la pena 🙂

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    1. Hola!! Lo mío empeoró por la dichosa ola de calor, tenía los pies como dos botas! Además, engordé con el embarazo 30 kilazos y eso también agravaba la situación (me costaba mucho moverme). La recompensa es enorme desde luego, pero me juré y perjuré a mí misma que el próximo embarazado lo viviría en invierno jajaj! Gracias por pasarte, un besote!

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