Lo que no sabía del posparto

Mientras estás embarazada sólo piensas en que el tiempo pase rápido para poder conocer a tu bebé lo antes posible, te dedicas a preparar todo lo que crees que es necesario (habitación, ropa, carro, etc.) y, si no tienes más hijos, intentas disfrutar al máximo del tiempo en pareja y de tu soledad, darte esos caprichos que según te dicen después no podrás.

Estás ansiosa por tener al bebé en brazos, por vivir esa maravillosa experiencia. Muchas mujeres te meten miedo (digo mujeres porque los hombres no suelen opinar mucho sobre esto), te dicen lo complicado que va a ser después para que te prepares. Yo escuché muchas veces, como creo que la mayoría de nosotras, aquello de que después se acabó el dormir, se acabó el vivir tranquila, se acabó el comprar cosas para ti (sólo para los hijos), se acabaron las duchas en calma y los cuidados a una misma… Lo que decía, que muchas se empeñan en meterte miedo o prepararte para lo que vendrá. Pero nunca me han comentado sobre los achaques del posparto en sí. Sobre los cambios que experimentas y lo duro que puede llegar a ser el primer mes (o más). Parece que esta parte la olvidan o como la tienen lejos no pueden recordarla tanto, pero creo que es igual de importante estar preparada para afrontarla lo mejor posible.

Yo, afortunadamente, no tuve un posparto muy difícil. Quizá alguna me lea y piense que de qué me voy a quejar, que no fue nada comparado con el suyo. Pero no es una queja como tal, mi intención con esto es que las futuras mamis sepan lo que les puede ocurrir y puedan mentalizarse un poco (al menos esperarlo, ya cuando lo vivan será otra cosa).

Después de dar a luz me sentía fenomenal, llena de energía y con un chute de autoestima enorme que me hacía sentir genial. Creo que después del parto, al menos tras mi experiencia, te sientes poderosa. Cuando ves lo que eres capaz de hacer te das cuenta de lo mucho que vales, y te quieres más. Pues yo ese mismo día por la tarde, cuando llegaron las primeras visitas (habrían pasado unas 8 horas desde el parto) me encontraba estupenda y estaba todo el tiempo de pie en la habitación recibiendo a la gente. Recuerdo que algunos se asombraban y me decían que cómo era capaz de estar así. De hecho, poco después de llegar a la habitación me fui a darme una ducha y llegó una enfermera que le echó la bronca a mi marido por dejarme ir sola al baño (se suponía que no podía levantarme sin supervisión). Esos días en el hospital me encontraba muy bien, cansada por no dormir como es debido pero sin achaques.

Una vez en casa parecía que todo seguía bien. Recuerdo cuando los puntos se secaron, que eran bastante molestos y dolorosos (tenía una episiotomía de 2 puntos y 1 punto en el labio porque creo que me lo cortaron sin querer). Dolían mucho al sentarme y al levantarme, sentía que se me iban a abrir. Esto duró unos dos días creo recordar. Una vez que los puntos se cayeron recuperé el estado natural de la zona muy rápido, hoy en día es como si no hubiera ocurrido nada extraordinario ahí abajo. Me considero muy afortunada porque había escuchado mucho aquello de que una vez que pares nunca vuelve a ser lo mismo, en mi caso puedo decir que todo está tal como antes y que no hay ni cicatriz ni molestia alguna. Nunca he realizado ejercicios de Kegel tampoco, me he recuperado muy bien.

Hormonalmente estaba hecha una mierda destrozada. Muchos altibajos de emociones y cambios continuos de humor. Esto ha sido lo más significativo en mí durante el embarazo y posparto, y bastante alargado porque me ha costado “estabilizarme” (creo que aún no lo estoy del todo, tampoco me ha venido la regla en este tiempo y pienso que influye mucho). Los primeros meses estaba muy sensible y susceptible, de lágrima bastante fácil y de molestarme por una mosca. También pasé un bache muy duro, pues a mi padre le diagnosticaron un tumor cuando el peloncete sólo tenía un mes, y no sé diferenciar hasta qué punto esto agravó la situación. Tengo que decir que afortunadamente lo operaron y todo salió bien, y a día de hoy está completamente recuperado; pero en ese momento fue un golpe durísimo y me costó ser fuerte. En situaciones así tener un hijo es lo que te salva, porque es el mejor motivo para luchar y sonreír y sólo te transmite cosas buenas. Mi peque nos salvó un poco a todos, él no lo puede saber aún pero algún día se lo contaré.

Perdón por desviar el tema, continúo con el posparto. En cuanto al sangrado, se me hizo eterno hasta que desapareció. Me llevé 43 días sangrando, aunque las dos últimas semanas era algo mínimo pero no desaparecía. No recuerdo molestias derivadas de esto, simplemente la incomodidad que supone porque es como tener una regla interminable. Hasta el día de hoy no he vuelto a sangrar, estoy esperando a que un día de estos nuestra “amiga de rojo” me sorprenda. Se me hace raro estar sin ella, llevo disfrutando de su compañía desde que tenía 10 años (sí, fui súper precoz). Supongo que al llevar ya un tiempo con la alimentación complementaria y dando el pecho lo mínimo no tardará en volver.

En general me sentía bastante bien durante el primer mes, tenía la misma energía de siempre, no tenía dolores o molestias (más que las derivadas de los puntos como he comentado) y hacía una vida lo más normal posible (contando con que tenía un bebé y había cambiado toda nuestra rutina, obviamente). Pero a partir del segundo mes fue como que el cuerpo alcanzó su tope y me dio un bajón enorme. Empecé a notarme muy cansada, como si me hubiera atropellado un camión. Me costaba andar, me dolían muchísimo las rodillas (lo pasaba mal para subir las escaleras), me sentía débil en general. No sé si puede deberse a que durante el primer mes me comporté como si no hubiera pasado nada, y seguía actuando como siempre (limpiar la casa, sacar a las perras, ir a la compra); y mi cuerpo decidió que ya no podía más. Después de todo el embarazo, de tantos kilos extra (que sólo acarrean problemas, cuesta el doble hacerlo todo), del parto y de no haber parado tras él pues supongo que en algún momento debía pasar factura.

También he de mencionar que decidí no tomar ningún suplemento de estos de lactancia, porque estaba convencida de que era otro invento más de las farmacéuticas para vendernos. A partir del tercer mes, se me empezó a caer el pelo de una manera descomunal (llegué a asustarme). Todo lo que no se había caído durante el embarazo, empezó a perderse de golpe. Así que no me quedó otra que ir a la farmacia a buscar algo para tomarme, porque me preocupaba quedarme calva, y comencé con Gestagyn. He estado hasta los 6 meses del peque tomándolo, y la verdad es que a raíz de comenzar con él empecé a notar mejoría en cuanto a la caída del pelo. No sé si ha sido coincidencia o que realmente es beneficioso, lo cierto es que mi problema se normalizó.

A partir del tercer mes he ido mejorando poco a poco, también he ido bajando de peso y eso me ha ayudado a sentirme mejor (tenía las rodillas hechas polvo). Hoy en día, mi cuerpo está completamente recuperado y sin achaques. Han pasado exactamente 7 meses. No he recuperado el peso con el que partía, aún debo perder 7 kilos para estar como cuando empecé, es lo único que no he conseguido aún (pero estoy en proceso). La ansiedad derivada de la lactancia y el embarazo también ha desaparecido, estoy de nuevo cargada de energía (aunque al final del día caigo rendida, pero eso va de la mano de tener un bebé), y no tengo ningún dolor o molestia. En cuanto a los trastornos hormonales, ya casi casi los tengo controlados (aunque alguna vez me da el punto jeje, a mi marido lo tengo frito entre embarazo y posparto).

La verdad es que recuerdo con poco detalle este tiempo (los dos primeros meses) porque estaba intentando establecer la lactancia y eso absorbía casi todo mi tiempo, muchas veces tenía la sensación de que no hacía nada más en el día que dar el pecho. Tuve la enorme suerte de que mi marido unió el permiso por paternidad y las vacaciones, y estuvo en casa 1 mes y medio por lo que me facilitó enormemente todo. Él se encargaba prácticamente de todo el peso de la casa y responsabilidades y yo me dedicaba a estar con el bebé, cuando se reincorporó lo eché mucho de menos.

Si tuviera que destacar algo del posparto es sin duda los altibajos emocionales y todo lo que conllevan, a veces esto cansa a la pareja (y con razón) y hay que tener mucha paciencia para aguantarlos. Yo soy de las que cree que el amor todo lo puede, y que poco a poco todo vuelve a la normalidad y se estabiliza. Así que futura mami, intenta tomarte el posparto con toda la calma que puedas, pide toda la ayuda que necesites y recuerda que el bebé y tú sois lo primero. El resto de obligaciones son secundarias, pasa todo el tiempo que puedas con tu bebé y dale mimos si te quedan ganas al papi que también se lo merecerá. Si se complica y es duro no desesperes, por suerte todo pasa y a veces hasta se olvida.

¡Que disfrutéis del fin de semana! Muchos besos a todos, nos leemos!

 

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