Tan fácil como poner un huevo

Esta entrada puede que no guste demasiado, soy consciente de que voy a hablar de algo poco realista y bastante inmaduro. Pero hoy no estoy demasiado inspirada para contar algo interesante y tengo una amiga que cada vez que me ve me dice “estoy esperando el post del huevo, ¿eh?” así que creo que ha llegado el momento de exponer esta locura.

Antes de ser madre era muy distinta, en muchos aspectos, a como soy hoy día. Si me llegan a contar hace 2 años lo que iba a sentir y pensar ahora mismo no daría crédito. Pero la vida da tantas vueltas… y las situaciones nos cambian tanto, que todo lo que pudiste decir que nunca harías lo más probable es que lo termines haciendo. Y tengas que tragarte cada una de tus palabras, como me ha pasado a mí.

Mi yo antigua era totalmente “anti niños”. Nunca me llamó la atención un bebé, más bien al contrario. Me causaban un poco de aversión. Y los niños peor aún, me molestaban todos. Cuando estaba en algún lugar con niños me desconcentraban sus ruidos y movimientos, truncaban mi tranquilidad. Si se acercaban a mí a decirme cualquier cosa les solía sonreír un poco forzada y los ignoraba hasta que se fueran. Realmente no sabía cómo tratarlos ni cómo dirigirme a ellos. Mi instinto maternal era totalmente nulo.

Recuerdo hablar con esta amiga que he mencionado antes (si me lees ya estarás contenta!), en uno de los descansos que hacíamos cuando estudiábamos juntas en nuestra época de la facultad, sobre los hijos. Ella me decía que le gustaban las familias numerosas, que por ella tendría 4 niños. Yo me echaba las manos a la cabeza, y no hacía más que repetirle que estaba loca. Yo quería tener uno biológico, porque tenía curiosidad por saber cómo saldría la mezcla entre mi marido y yo, pero los demás quería adoptarlos. Digo los demás pero realmente lo que me planteaba era tener 2 como mucho, para que se hicieran compañía. Lo que yo no quería por nada del mundo era pasar un embarazo, y mucho menos un parto. Me daba pánico.

Siempre tuve miedo a esto, pero lo que sin duda lo agudizó fue un reportaje que vi allá por el 2006 sobre el parto (concretamente este). Sin duda este reportaje me traumatizó, por suerte la situación en estos 10 años ha mejorado. Pero en su día no comprendí muchas cosas, y me asustaba imaginarme el día del parto sin ser respetada o siendo demasiado intervenida. Tenía miedo al embarazo y los cambios que podía provocar en mí, pero más miedo me daba el desenlace. Yo siempre decía que quería que me durmieran y me despertaran ya con el bebé en el mundo, no entendía a mujeres que había escuchado decir que querían parir “a dolor” y sin ayudas. Me parecía prehistórico.

También había escuchado historias de partos horrorosas, de esas que te hacen temblar al imaginártelo. Mi propia madre tuvo una experiencia malísima cuando me dio a luz, y lo tenía muy metido en la cabeza. Aunque el parto de mi hermano no fue tan duro, pero parece que sólo se nos quedan las malas experiencias. Quizá algún día cuente mi llegada al mundo, porque daría para otro post, pero sin duda no es el parto deseado ni tan respetado como cualquier mujer merece. Además mi madre también tuvo depresión posparto, la pobre se llevó el premio gordo.

Por todo ello, poco a poco, mi visión fue haciéndose más extremista, y llegué a pensar que la naturaleza era cruel con la mujer. A veces la odiaba, porque creía que todos los males nos lo había dejado a nosotras y que a los hombres sólo les había “castigado” con la calvicie (y no a todos). Nosotras desde muy jóvenes, algunas más que otras, con la menstruación y sus molestias. Nuestro cuerpo hecho exclusivamente para procrear. Lo veía como una imposición, si quería tener hijos biológicos no me quedaba otra que tenerlos yo (cuando escuché sobre los vientres de alquiler me fascinó la idea, pero sabía que era una utopía para mí). Entonces fue cuando un día en una conversación lo dije en plan bromista pero al final se me quedó, la idea del huevo.

Hoy lo pienso y hasta me río, mi marido se molestaba cuando hablaba de eso delante de otras personas porque decía que era una idea ridícula (él siempre se ha fascinado con la naturaleza y funcionamiento del cuerpo humano, y el cuerpo de la mujer y su capacidad aún más). Pero cuando salía el tema y se me calentaba la boca al final acababa defendiendo mi locura, yo soy así de natural y espontánea. Lo que yo quería era gestar un huevo, después ponerlo e incubarlo. Quería que tanto el hombre como la mujer tuviéramos la opción de hacerlo, que no nos lo impusiera la naturaleza a un solo género. Lo que quería en definitiva era compartir esa “carga”, y no pasar por un proceso tan duro como el parto. Realmente no pensaba que eso fuera lo ideal o que pudiera ocurrir, no os asustéis, empezó como una broma y después se convirtió en un “ideal”. Hoy en día nos reímos al recordarlo y se ha quedado como una simple anécdota, un recuerdo de aquellos tiempo y de mi inmadurez quizá.

Debido a esto durante mi embarazo hemos bromeado muchas veces con lo del huevo, y el parto era un acontecimiento clave para mí. Sé que no sólo para mí, todas las mujeres lo temen y les impone; pero lo mío tenía más acento por todo lo de antes. Es cierto que durante el embarazo vas cambiando inconscientemente y vas asimilando la nueva situación, y cuando llega el día (al menos en mi caso) no tienes miedo porque estás ansiosa por tener a tu bebé contigo. Una vez metida en faena no piensas en nada, simplemente te dejas llevar. Yo, como ya comenté al contar mi experiencia aquí y aquí, iba muy mentalizada. Durante el embarazo vi muchos vídeos y documentales de partos, a mí personalmente me sirvió para mentalizarme. Y tenía tan asumido que iba a ser la peor experiencia de mi vida (debido al trauma que aún seguía dentro de mí), que ya no tenía miedo. Cuando tus expectativas son tan malas, no puede pasar nada peor a lo que imaginas. Así, mi resultado final fue un parto maravilloso que repetiría todas las veces que fuera necesario. Al final mi trauma fue mi mejor aliado, y todos los miedos relacionados con el parto se esfumaron de golpe.

Si me lo hubieran contado antes quizá la utopía del huevo nunca habría existido, pero pienso que todo eso fue lo que me ha ayudado a tener una buena experiencia. Y ahora soy una persona distinta porque lo he superado, por perder ese miedo, y porque he descubierto el amor infinito que da un ser tan pequeño. Ahora sí, voy por la calle y miro al resto de bebés con ternura. Ahora sí quiero cogerlos y darle mimos. Ahora tolero más a los niños y entiendo que el mío pronto será uno de esos pequeños seres molestos, al que seguramente alguna chica odiará y pensará al verlo que nunca querrá tener hijos. Hasta que un día la naturaleza, como a mí, le haga cambiar de opinión y salten las alarmas del cuerpo para pedirle un bebé. Entonces amiga, todo ya estará cambiando sin que te des cuenta, y te convertirás en esa mujer de la que tanto renegaste. Pero no debes preocuparte, porque entonces será cuando empieces a vivir la mejor etapa de tu vida…

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16 thoughts on “Tan fácil como poner un huevo

  1. Me ha gustado mucho el post. Cuando era más joven yo tampoco toleraba mucho a los niños y no quería de ninguna manera coger a un bebé, no se… me daba cosa… por si no sabía cogerle, por si lloraba y no sabía qué hacer… El caso es que el tiempo te cambia (sin que conscientemente te des cuenta) y un día zas! no puedes pensar en otra cosa que no sea en tener uno de esos seres molestos y llorones. Un beso!

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  2. Hola guapa!! Soy diarios de mami en instagram jeje me ha gustado mucho tu post ami me pasaba igual con los niños siempre me habían resultado “molestos” y yo pensaba para mis adentros madre mia así no seré madre en la.vida jajaj y ahora mira!! Enamorada y sin verla la carita aún!! Gracias X ser tan clara y sincera en tus post eres muy auténtica y eso se agradece un besazo!!😘😘😘

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    1. Hola bonita! Y más enamorada que vas a estar, te vas a volver tonta con tu nena y no será para menos 😊 gracias a ti por leerme y por darme siempre tu opinión con las fotos, eres una buena amiga virtual! Un brazo grande 😘😘

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