Lo mejor de ser madre

Comenzamos semana de nuevo, ando cargada de energía y con ganas de afrontarla; pero por el contrario me falta inspiración y no sé de qué hablaros. Normalmente publico los lunes, aunque alguna vez me he hecho la remolona, pero no quería pasar la semana sin contaros nada así que hoy martes tenía que publicar.

Ya sé que el blog sólo es un hobby, que me ayuda a desahogarme en algunas ocasiones y en otras lo uso para compartir mis pocos conocimientos del mundo de la maternidad. No es obligatorio escribir o publicar, pero me gusta tenerlo “vivo” y ya le tengo cierto cariño y siento que lo abandono. Yo soy muy responsable con mis cosas, así que el blog no iba a ser menos…

Ser madre para mí ha supuesto un cambio de 180 grados. No sé si la maternidad afecta por igual a todas las personas, supongo que a algunas les cambiará más que a otras. A mí desde luego sí me ha cambiado, tanto que creo que mi yo de hace 3 años alucinaría con la actual. Pero, como creo que ya he dicho otras veces, ha sido el mejor cambio de mi vida. Y no es por endulzar el concepto o ponerme como madre hipertonta que ve la vida color de rosa, que todo lo contrario. Hay días durísimos, y noches durísimas también. Es increíble el cansancio que se puede llegar a acumular, y las ojeras que puedes llegar a tener.

Ser madre no es sólo dedicarte a tu hijo, es dedicarte a la misma vida de antes con un agregado que exige el 200% de ti. En los días malos, no ves el momento de acostarte y desconectar por fin de tanta carga (normalmente esos días para ponerte aún más a prueba tu hijo te dará mala noche). Hay veces que prefiero ni mirar la casa, porque veo suciedad por todas partes y se me cae encima. Ni que hablar de la cantidad de ropa que podemos llegar a acumular en el cesto para lavar o, a posteriori, para planchar (lo que es aún peor). Hay semanas en las que la alimentación pasa a un segundo plano, y comes lo que puedes porque ni tienes ganas de cocinar ni te queda comida decente en la nevera (y lo de ir a comprar te apetece aún menos).

Y con todo el caos alrededor, el sábado por la mañana al levantarte decides que lo mejor para la salud familiar es coger la puerta todos juntos y salir a respirar aire fresco y caminar. La casa ya se puede caer, que al llegar seremos más felices y nos sentiremos menos pesados. A nosotros nos encanta salir a pasear, todo el equipo junto: Peloncete y perris. Es nuestro momento de desconexión, e intentamos hacerlo cada día. Hay pautas que queremos mantener y respetar, aunque nos falten ganas, porque consideramos que son beneficiosas para todos y aunque el salir cueste a la vuelta se agradece.

Pero ser mamá es mucho más que todo el cansancio y la dedicación. Hoy, sin ir más lejos, pelón nos ha dado mala noche porque está liado con los dientes de arriba (tiene las encías súper inflamadas, me da una pena enorme). Y también ha decidido que a las 7 de la mañana ya era hora de levantarnos. Pues a pesar de estar el papá y yo como si nos hubieran dado una paliza, es sólo escucharlo hablar y reír y ya se nos olvida todo. Ser madre es eso, entre muchas cosas, olvidar de un plumazo los malos momentos con sólo una caricia de tu retoño. No se necesita más, la felicidad está en estas pequeñas cosas.

No quiero ni imaginarme la satisfacción que llegaremos a sentir cuando nos llame mamá o papá, cuando nos haga un dibujo o cuando nos regale algún te quiero. A veces intento ser consciente de que estoy viviendo la mejor etapa de mi vida, sé que en un futuro miraré atrás y quizá me entristezca recordar estos entrañables años. No quiero dejar de vivir esto, quiero recordar cada segundo de nuestras vidas. Es nuestro mejor momento, y todo esto se lo debo a la maternidad. Gracias a ella he olvidado preocupaciones que antes me restaban felicidad, y ahora veo que no tienen la menor importancia. Para mí, lo mejor es vivir y disfrutar de mi familia. Los años pasan y no perdonan, y después no nos los devuelven.

Lo mejor de ser madre es la persona en la que me estoy convirtiendo, y un cambio así sólo puede provocarlo lo más grande que podemos tener: nuestro hijo.

Feliz martes a todos, espero que paséis un bonito día.

¡Besos! 

 

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Los excesos durante el embarazo

Durante el embarazo es imprescindible cuidar nuestra alimentación, esa teoría todas la sabemos y hemos oído mil consejos. Pues bien, yo para hacer lo contrario os quiero dar el ejemplo de lo que no se debe hacer. Porque es absurdo aconsejar algo que yo no he sido capaz de llevar a la práctica, y no voy a ponerme aquí como lo que no soy. Soy imperfecta, testaruda y muy impulsiva. Y así me fue.

Las embarazadas se ven como seres tiernos y dulces, llenos de amor y que transmiten cierta fragilidad. No era mi caso, pues me convertí en una mole de más de 100 kg (no sé exactamente cuánto alcancé, dejé de pesarme en la semana 34 y estaba en 96 kg). Todo empezó en el segundo trimestre, porque en el primero con el malestar típico y mi reposo absoluto parece que se me olvidó un poco comer. Pero en cuanto me empecé a encontrar mejor… no hubo quién me parara.

He sido siempre muy comilona, ya lo he dicho por aquí. Y aunque de pequeña estaba gordita, desde la adolescencia me he ido manteniendo en un peso normal. A veces delgada y otras veces un poco más llenita, pero nunca gorda como tal. Cuando me embaracé, allá por noviembre de 2014, pesaba 70 kg (me sobraban 5, pues después de la boda me había pegado un verano de excesos y homenajes). Nunca me han llamado la atención los dulces o los pasteles, yo prefería un buen bocadillo de queso o chorizo cuando tenía hambre. Pero parece que con el embarazo se me activó el chip… y fue mi perdición. 

Quería chocolate a todas horas, ya fuera en forma de pasteles, galletas, helados, nocilla o tableta. Lo necesitaba para calmarme, era ansiedad viva. Al principio medio te controlas, y te permites el capricho cuando sales a tomar café y pides un pastelito de acompañamiento. Pero llega un momento en el que piensas “de perdidos al río” y ese pastel que antes era esporádico es ahora un diario, por lo que después de almorzar necesitas tu tableta de chocolate y tu dosis. Y en la merienda te tomas el tazón de cereales (con chocolate) y medio litro de leche (que también me valía como dulce). Y en la cena de postre comes natillas o un helado. Y así, llega un momento en el que no tienes solución.

En las revisiones con la matrona me decía que no podía engordar de esa manera, pero tampoco me daba pautas que me ayudaran con mi problema. Porque realmente pienso que lo mío era un problema, era adicción. También es cierto que con el embarazo dejé de fumar, y yo creía que lo llevaba bien. Pero ahora visto desde lejos, quizá estaba cambiando una cosa por otra y no era del todo consciente.

Hoy día, me arrepiento enormemente de mis malos hábitos. Y ya no es por mí o el sobrepeso que me dejó, es por mi hijo. Me inunda la culpabilidad al pensar en lo mal que lo estaba alimentando mientras estaba dentro de mí, no es justo para su salud y no me lo perdono. Hoy en día es un niño sanísimo, pero tengo mis miedos al pensar que quizá en un futuro tenga problemas como la diabetes debido a mis errores durante el embarazo.

Sorprendentemente, no tuve diabetes gestacional ni ninguna otra complicación en esos 9 meses (ni después). Tuve un parto maravilloso y vaginal, a pesar de mis kilos de más y la dificultad para moverme. Porque, por si sois delgados y no lo sabéis, los kilos pesan y mucho. Te vuelves torpe y mayor, y te limitan enormemente. En mi recta final del embarazo, a pesar de estar en Sevilla con la inolvidable ola de calor (julio y agosto de 2015) me encontraba activa y hacía cosas que de fuera podían parecer bastante difíciles. Hacía todas las tareas del hogar, planchar, lavar ropa, limpiar, sacaba a las perras… Incluso sacaba fuerzas y me iba a andar por las mañanas para ejercitar un poco. Después en el posparto me pasó factura, y recuerdo no poder ni subir las escaleras debido al dolor de rodillas. Me sentía anciana.

Hoy, 9 meses después de dar a luz, peso 72 kilos. He perdido ya 30, que no son pocos. No estoy en mi peso ideal, que para mí ronda los 65, pero me estoy acercando. Desde enero estoy cuidando mi alimentación con un nutricionista, eliminé de mi dieta todo lo relacionado con el dulce y he aprendido de nuevo a vivir sin él. Me ha costado, las primeras semanas fueron horribles, pero al final se domina. Y algún día que otro me he dado un capricho, pero se ha quedado en eso: un capricho de una ocasión.

Me siento sana, me siento ágil y joven de nuevo. He podido volver a ponerme mucha de las prendas que no me entraban, y he visto como otras se han quedado grandes. Esa es una satisfacción personal muy grande. He vuelto a quererme, porque aquello también me influía en mi autoestima, y lo más importante: he aprendido a querer mi cuerpo, no como algo físico, sino como algo interno que debo cuidar y mimar. Que con la salud no se juega, y yo ya la machaqué bastante.

A vosotras mamis, ¿cómo os fue durante el embarazo? ¿Fuisteis personas normales u os convertisteis en monstruos de las galletas como yo? Contadme a ver si así me siento menos mal…

Abrazos y feliz fin de semana.

20 cosas sobre mí

¡Buenos días de lunes!

He estado un poco desaparecida por aquí, debido a una semana un poco ajetreada y a algún que otro evento del fin de semana también. Nos hemos ido de boda y hemos dejado a Peloncete por primera vez por la noche con los abuelos, ¡y ha sido todo un éxito! Definitivamente tenemos un hijo buenísimo que se adapta a todo y al que todo le viene bien, nos lo está poniendo demasiado fácil como padres primerizos que somos. Durmió toda la noche del tirón entre sus abuelos (ya que practicamos colecho, ellos querían aprovecharse y dormir con él también jejeje) y cuando volvimos al día siguiente estaba tan campante. Muchos besos y mimos que nos regaló, y esa sonrisilla con sus tres dientecillos que es para comérsela. Me tiene loquita sí, no lo puedo evitar…

Pero antes de mi mini desconexión bloguera vi que mamaymaestraentierradenadie se acordó de mí en una de estas cadenas chulas, que hacen que nos conozcamos un poquito más y mostremos algunos detalles de nosotros mismos. Como siempre desde aquí te agradezco que me tengas en cuenta, hace muchísima ilusión leer este tipo de post y encontrarte tu nombre al final.

Pues allá voy, no sé si habrá cosas que ya haya contado, la memoria me falla mucho desde que soy madre jejeje pero intentaré no repetirme:

  1. ¡Hoy es mi cumpleaños! Nací un día primaveral allá por 1988, por lo que hoy cumplo los 28 añazos. Me gusta seguir cumpliendo, es señal de vivir!
  2. Tengo el pelo castaño y los ojos marrones no muy oscuros, todo muy normal la verdad.
  3. De pequeña siempre fui muy alta y muy mujerona, pero por aquello de ser tan adelantada llegó un momento en el que dejé de crecer y el resto de los niños me adelantaron. Actualmente tengo una estatura completamente normal, 1,67m para ser exactos.
  4. Siempre he parecido mayor de lo que soy, lo que me encantaba con 15 años pero que con la edad deja de hacer gracia… espero que con los años se produzca el efecto inverso jaja!
  5. Nunca tuve una vocación concreta, me gustaban materias tan dispares que siempre iba cambiando lo que quería ser de mayor. De pequeña como era muy mandona me imaginaba siendo profesora, nada más lejos de la realidad…
  6. Me licencié en ADE en 2013, me especialicé en asesoría fiscal y después hice un Máster en Desarrollo de Negocios. Todos los títulos están preciosos en sus carpetas, pero ninguno lo he llevado a la práctica. Desde que soy mamá mis intereses han cambiado radicalmente, y las aspiraciones que tenía antes se han disipado. Quizá con los años vuelva a intentar desarrollarme profesionalmente, por ahora soy feliz así.
  7. Siempre critiqué a esas mujeres que “abandonan” su vida profesional por la maternidad, ahora sé que es muy difícil (por no decir imposible en algunos casos) compaginar ambas con éxito; y me he convertido en lo que nunca quise ser. Y soy más feliz que antes.
  8. He pasado de no querer tener hijos biológicos (por el miedo al parto) a querer tener familia numerosa; por ahora me gustaría tener 3 aunque si todo va bien y económicamente nos lo podemos permitir, no descartaría uno más (cuando mi marido lea esto me va a mandar a tomar viento fresco).
  9. Soy muy romántica y mi marido también, nos gusta tener detalles como pareja y mantener viva la ilusión. Llevamos casi 12 años juntos, pero la rutina nunca ha estado presente en nuestra relación. Somos súper distintos y chocamos mucho, pero no podemos vivir el uno sin el otro. No creo que encontrara a nadie más compatible que él.
  10. Mis grandes pasiones son la lectura y cantar, aunque últimamente ver series también se ha vuelto un poco adictivo.
  11. Lo más importante en mi vida es mi familia, mi marido y mi hijo así como mis padres y mi hermano. Son lo primero siempre, intocables.
  12. En un principio mi intención con el blog era la de aconsejar cosillas a otras mamis primerizas que estuvieran tan perdidas como yo, pero sin querer lo he transformado más en una especie de diario y eso de los consejos lo he dejado muy de lado. Para mí está siendo una vía de desahogo muy útil, y estoy conociendo a gente maravillosa a través de él. ¡Espero que algún día nos pongamos cara!
  13. No tengo apenas secretos porque soy muy espontánea y natural y todo lo cuento, me gusta ser así de transparente y mostrarme completa. Me cuesta ser reservada y suelo confiar mucho en la gente, esto me ha llevado a muchísimos errores. Pero no me arrepiento, de todo se aprende.
  14. Soy muy muy muy vaga para hacer deporte, envidio a las personas activas y deportistas. También las odio, porque hacen que me sienta mal. Pero por más que lo intento, en mis 28 años no he encontrado ninguna actividad que me haya conseguido motivar. Aunque no pierdo la esperanza…
  15. Di mis primeros pasos a los 11 meses vestida de flamenca y con mis tacones puestos. Ya apuntaba maneras de ferianta yo.
  16. De pequeña siempre estuve muy gordita, pero nunca me ha acomplejado y no ha menguado ni un ápice la seguridad en mí misma. Mis compañeros de clase siempre me han respetado y me han tratado fenomenal, así que tuve una infancia muy feliz. Cuando mi madre intentaba controlar lo que comía y me decía que debía comer menos, yo le respondía que “no se preocupara porque yo era una gorda feliz”. Creo que esa frase lo resume todo a la perfección.
  17. Una de las cosas que más me caracteriza es la seguridad que tengo en mí, gracias a mi madre que siempre me ha alentado y apoyado en todo. Nunca me ha dicho “no puedes”, todo lo contrario. Me lo creí tanto que al salir de la carrera pensaba que me iba a comer el mundo. Esa cura de humildad no me vino nada mal, pasé un periodo oscuro debido a ello pero he salido fortalecida. Sigo creyendo en mí.
  18. No me gusta la sociedad en la que vivimos y los valores (o ausencia de ellos) que transmite. Creo que voy a tener que luchar mucho para poder inculcar a mi hijo las ideas que defiendo, especialmente no quiero que le dé valor a lo material ni al consumo. Tengo “miedo” de que llegue esa etapa, pues sé que hay cosas que serán inevitables.
  19. Peloncete no se parece ni a mamá ni a papá, y a su vez se parece a los dos. Está muy mezclado y no tiene un parecido claro, me gusta eso porque le da más personalidad y un estilo propio. Él es único.
  20. En persona soy poco habladora, pero por aquí estoy comprobando que me enrollo más que una persiana. Entiendo que paséis sin leer, estos tochos tienen que dar una pereza…

Me ha costado contar 20 cosas, aunque no lo parezca jajaja! No sabía de qué hablar que no hubiera hablado ya. Espero no haberos aburrido mucho, me estoy proponiendo hacer post más cortos porque tengo la sensación de que me extiendo demasiado. Pero como este es mi método de terapia, no puedo dejarme nada dentro ;P

Para terminar, quiero nominar a Madre3x2 a ver si se anima y así la conocemos un poquitín más.

Un beso a todos, gracias por pasaros y muy feliz lunes.