Ella

Era una persona muy peculiar, me atrevería a decir que no he conocido a otra como ella. Quizá la difícil infancia que pasó le marcó el resto de su vida, no es de extrañar teniendo en cuenta que vivió la guerra civil con tan sólo 9 años. Siempre me contaba, cuando era pequeña, que a veces venía un camión lleno de naranjas podridas para tirarlas y ella y sus hermanos aprovechaban para cogerlas y comer lo que pudieran. La guerra no pasó por su familia desapercibida, un hermano murió fusilado y de otro nunca más volvieron a saber. Ella solía preguntarse dónde estaría, nunca perdió la esperanza de que siguiera vivo.

Al colegio decía que fue sólo 2 días, sin embargo aprendió a escribir y a leer; y de esto último disfrutaba muchísimo. Una de sus hermanas me contaba que solía leerles Cumbres borrascosas y ellas lloraban al escucharla, y le pedían que parara. Cosas de adolescentes.

Era bastante bruta, y le gustaba ir con hombres. Cuando por la calle se encontraban a hombres peleando ella siempre quería meterse a separar. Solía ir con uno de sus hermanos y la gente los confundía con mellizos debido a su parecido.

Parece que se enamoró del hijo del panadero, pero este amor nunca llegó a materializarse. Al final terminó con él, un ex preso de guerra al que le faltaba un ojo. Era 8 años mayor que ella, y ya no tenían edades para andarse con tonterías (ella 24, el 32). Terminaron casándose por la puerta de atrás y a las 6 de la mañana, a las embarazadas no se les permitía otra cosa. Eran impuras.

A duras penas sacaban para comer, ella nunca fue buena administradora y a él nadie se atrevía a contratarlo (había estado en la cárcel por sus ideales políticos, no podían jugarse el cuello). La tragedia vino poco después, sus dos primeros hijos no pudieron pasar de los 4 y 5 años. Desconozco las enfermedades que se los llevaron, pero sé que perdieron lo poco que tenían buscando una cura que no llegó. Se quedaron sin nada, y perdieron lo más valioso e irrecuperable: a sus hijos. Nunca la escuché hablar de ello, lo sé por sus hermanas.

Después de esto nunca volvió a ser la misma, era imposible. Con los años vinieron más hijos, entre ellos mi madre. Los crio con lo mejor que tenía, con mucha teta y apego (aunque nunca fue cariñosa ni le gustó). Mi madre mamó hasta más de los 2 años. Me contaban que dormía con los pechos fuera, y los hijos mamaban cuando querían. Al más puro instinto animal.

Confiesan que tuvieron una infancia muy peculiar. Una madre que atendía a pocas necesidades, no los obligaba a ir al colegio, no solía comprarles ropa ni juguetes, a veces ni podía darles de comer. Las hijas fueron madres de su propia madre. A pesar de todo, tenía un corazón de oro que pocas personas podían igualar. Todos la conocían y la querían, con sus locuras y sus desvaríos. Daba lo que no tenía, se desprendía absolutamente de todo. Mi madre también me contó que las prostitutas del barrio venían a su casa cuando los chulos le daban palizas, ella las ayudaba.

Con los años fue perdiendo la cabeza, quiero pensar que como defensa a sus malos recuerdos y traumas vividos. Los médicos lo llamaron demencia. Yo la conocí cuando ya tenía 5 nietos más, pero yo era la primera hija de la chica. Está mal que lo diga, pero era especial.

Mi madre pasó la recta final de su embarazo y mi primer año de vida viviendo con ellos, por los miedos de primeriza. Cuando decidieron volver a su casa, los abuelos no querían separarse de la nieta. Así que cada viernes me dejaban con ella, y me recogían el domingo. En su casa no había normas, se podía hacer todo lo que desearas (incluso carreras de patines). Yo siempre dormía con ella, que hasta me contaba cuentos. Mi madre se asombraba al ver a su madre en esta faceta, pues con sus hijos nunca fue así.

Cuando se bañaba me llamaba siempre para que subiera a frotarle la espalda, estaba ya en una edad en la que quería mimos y no quería admitirlo. Mis recuerdos se basan en ver informe semanal por las noches, y jugar a todo tipo de loterías, bingos y parchís. Comer todos los “martinitos” que quisiera, estar tirada en el olivar y no cambiarme de ropa en todo el fin de semana. Mi abuela era la bomba porque me dejaba dormir vestida. Mi madre alucinaba con mi estado físico cuando me recogía el domingo, pero la felicidad poco tenía que ver con las apariencias.

Aunque la demencia se fue pronunciando con los años, siempre pensé que en su interior sabía quiénes éramos. Cuando estábamos juntas y me miraba, yo sabía reconocer la tranquilidad en sus ojos. Cuando nos dejó, realmente hacía ya tiempo que se había ido. Siempre la recordaré con una gran sonrisa, mil anécdotas que contar y muchísimo amor. Fue mi segunda madre, me dejó en herencia su toque de locura, la despreocupación, su naturalidad, y unas manos que heredé también de mi madre. A mis hijos les hablaré de ella y les contaré sus historias, no tuve la suerte de que llegara a conocer a Peloncete (estaba embarazada cuando falleció).

Hoy tenía ganas de hablar un poco de ti abuela, espero que hayas encontrado la paz que merecías y descanses de una vida tan dura y dolorosa. Aquí seguimos recordándote cada día, dejaste una huella que nunca desaparecerá. 

Te queremos.

 

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12 thoughts on “Ella

  1. Qué post más bonito, de verdad. Estoy segura de que tu peque sabrá de ella, porque tal y como la describes fue muy especial. La bisabuela de mi niña falleció hace unas semanas (por parte de padre). Pudo conocerla, pudo verla, pudo tocarla.. Y se fue en paz. Y nosotros le hablaremos de ella y de lo contenta que se ponía cada vez que la llevábamos a su casa. Un abrazo guapa.

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    1. Vaya, lo siento mucho! Sabemos que es ley de vida, pero hay personas que nos gustaría que duraran siempre… Nuestro recuerdo los mantiene vivos, y hablándoles a los peques de ellos es como si los conocieran. Gracias por tus bonitas palabras, un beso guapísima!

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  2. Me ha encantado leerte, me ha saltado la lagrimilla.
    Yo tengo una espinita clavada con este tema, no conocí a mis abuelos y mis abuelas fallecieron siendo yo adolescentes, y se les echa tanto de menos!!
    Ojalá rubiales tenga a sus abuelos muchísimo tiempo y pueda compartir mil cosas con ellos, es mi deseo!

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    1. La vida nos planta ante las situaciones sin poder hacer nada, a mis abuelos los perdí siendo muy pequeña también y me habría gustado disfrutar más de ellos y conocerlos mejor. Mi abuela se fue hace poco más de un año, la extraño muchísimo. Creo que son una figura imprescindible en nuestras vidas, aparte de los papis, y también espero que peloncete pueda disfrutar de los suyos por muchiiiiiiiiisimo tiempo. Gracias por leerme, un abrazo!

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