4 de mayo

La noche anterior antes de acostarme dejé preparado en el baño el test junto con el vasito de plástico. Prácticamente me había visto obligada a hacerlo, pues unas dos semanas antes había tenido un amago de regla que no se había vuelto a repetir; y el fin de semana próximo iba a salir con las amigas de despedida de soltera (mi primera salida desde que soy mamá) y me iba a dar algún que otro homenaje. No quería ser imprudente y beber alcohol existiendo la posibilidad de estar embarazada, así que decidí que tenía que hacerme el test y descartarlo para poder salir sin remordimientos.

Me levanté como cada día a las 7, dispuesta a vestirme y empezar la rutina mañanera (asearme, vestirme, desayunar, dar un paseo con las perras, ir al trabajo). Dejé al peque y al papi durmiendo en la cama y me metí en el baño. No recordaba que tenía que hacerme el test, y al verlo me puse un poco nerviosa. Inserté el palito en la orina y le puse el tapón para dejarlo reposar los 5 minutos que recomendaba, preferí darle la vuelta para no estar mirando el resultado continuamente. Quería verlo una vez pasados los 5 minutos y saber que lo que vería era con certeza.

Entonces los nervios se apoderaron de mí y no me dejaron hacer nada, ni a lavarme los dientes atinaba. Me empecé a cuestionar a mí misma, estaba convencida de que saldría negativo (no había tenido síntomas de embarazo, y habíamos cometido un “desliz” de un día, no era posible tanta casualidad). Pero esos nervios me hacían pensar que sí estaba embarazada, no los había sentido ni en el primer test que me hice allá por diciembre de 2014.

No pude esperar los 5 minutos, le di la vuelta cuando apenas habían pasado 2 para tranquilizarme de una vez y poder empezar la mañana. Cuál fue mi sorpresa que las dos rayas estaban marcadas claramente. Nítidas y diferenciadas. Estaba embarazada, y yo sin sospecharlo.

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En ese momento no supe qué pensar. Fui corriendo a la habitación, donde seguían acostados mis dos hombrecitos aunque el pequeño estaba ya despierto con ganas de marcha. Le pregunté a mi marido (que seguía en su empeño de dormirlo para descansar un poco más) si podía encender la luz. Al encenderla le pasé el test, y se quedó tan atónito como yo; “no puede ser” repetía. Nos quedamos unos segundos mirándonos sin saber qué hacer, ni cómo reaccionar. Al final nos abrazamos, y pelón cogió el test para jugar un rato con él. Nosotros estábamos en una nube, sin capacidad de reaccionar.

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No tardamos mucho en emocionarnos y sentir la ilusión… aunque teníamos muchas dudas. Para empezar no sabíamos ni el tiempo de gestación, al no haber existido menstruación no podíamos contar desde la fecha de la última. Yo tenía mi sospecha del día que había podido ser, que más que sospecha era una certeza, pero prefería ser prudente y esperar a ver qué determinaba la ecografía.

Ese mismo día se lo contamos a nuestras familias, pues no podíamos contener la emoción. Todos se alegraron y se ilusionaron también, mi madre me dijo que ojalá todas las cosas que ocurrieran “de improvisto” fueran como ésta.

Es extraño, porque ya sentía que lo quería y que necesitaba que todo saliera bien. Con Peloncete me costó meses asimilar el embarazo, y los sentimientos también tardaron en llegar… pero parece que tras haberlo vivido una vez, y sabiendo ya lo que se quiere a esa personita, el amor hacia él/ella no se ha hecho esperar.

Al día siguiente decidí hacerme un nuevo test, de estos digitales que indican las semanas de gestación. Más que nada para confirmar mis sospechas sobre la fecha, y efectivamente así fue. Además de confirmar de nuevo el embarazo, por si aún quedaba alguna duda…

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Así que ya con el embarazo nuevamente confirmado, sólo me quedaba coger cita con mi ginecóloga y hacer una primera eco para comprobar que todo estaba en orden. Me dieron cita para 15 días después, y yo estaba atacada pensando que no iba a poder esperar. Se me metió en la cabeza que no iba a salir bien, sentía mucho temor y mucha inseguridad. Intentaba decirme a mí misma que no había sido un embarazo buscado ni planeado, y que por ello si algo no funcionaba no tenía que desmoronarme… pero lo cierto era que desde que conocí el positivo me inundaron los sentimientos y quería a ese “bebé” con todas mis fuerzas. Y no sabía si estaba preparada para perderlo.

A los pocos días manché un poco, no era sangre en sí sino un flujo marronáceo. Decidí ir a urgencias, pensaba que haciéndome una eco me quedaría más tranquila y que posiblemente tendría de nuevo un hematoma (como con el embarazo anterior). En urgencias me confirmaron el embarazo, pero era pronto para saber si iba bien pues aún no había ni latido; y descartaron que hubiera hematoma, el origen del sangrado era desconocido. Según la eco estaba de 4+6 semanas (menos tiempo del que yo tenía calculado, lo que me hizo dudar aún más). Salí del hospital peor, pues esperaba al menos escuchar su corazón pero al no ser así las dudas se acrecentaron.

Con la ecografía que tenía programada con mi ginecóloga por fin pude respirar, había crecido y tenía latido (estaba ya de 7 semanas, lo mismo que yo tenía calculado). Aunque la tranquilidad duró poco, pues a las 2 semanas de nuevo sangré (y esta vez con más cantidad, incluso me salió un coágulo que me hizo pensar que lo había perdido). De nuevo acudí al hospital, y mi sorpresa fue enorme al ver a mi bichito latiendo fuerte y creciendo. Esta vez sí tenía un hematoma, así que me recomendaron reposo y vida tranquila. Algo que he podido disfrutar gracias a mi marido y mi familia, que me tratan como una reina y me ayudan con todo lo que necesite. Aun teniendo a Peloncete (que complica aquello de no hacer esfuerzos) me lo han puesto todo en bandeja para que tenga que hacer lo mínimo. No sé qué haría sin ellos.

Así que a día de hoy me encuentro esperando a la próxima ecografía (29 de junio) que será la de las 12 semanas, ya tengo mi cartilla de embarazo y me han realizado las pruebas del primer trimestre (analítica de sangre y orina, que después junto con la eco serán los resultados del triple screening). De los síntomas del embarazo os hablaré en otro post, porque la verdad es que lo he vivido de manera distinta al anterior. Lo cierto es que ya prácticamente han desaparecido, aunque los he tenido bien intensos. El que sigo arrastrando es el cansancio constante, pero claro no se puede achacar simplemente al embarazo porque la vida ahora con un pequeñín de 10 meses no es la misma que cuando estuve embarazada por primera vez.

Gracias por leerme y seguir aquí, un fuerte abrazo. 

 

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