Primeras vacaciones siendo tres (y medio)

Hablar ahora de las vacaciones me resulta súper lejano, parece que ocurrió hace muchos meses y en realidad no ha pasado nada de tiempo. Ya tengo tan asimilado que se acabó el verano que mi propia mente me confunde…

Estábamos un poco nerviosos y expectantes ante el hecho de irnos de vacaciones por primera vez con Peloncete, pues no sabíamos cómo se nos iba a dar la experiencia. Nosotros siempre pensamos en positivo, pero aun así no puedes evitar tener una pequeña duda.

Nuestras vacas este año han consistido en 11 días de estancia en un hotel (los tres solitos) y, posteriormente, una semana en una casa alquilada con los abuelos maternos.

Ambas experiencias han sido muy positivas y no han hecho más que confirmar que tenemos un niño que se adapta a todo de maravilla y que está bien en cualquier parte.

Al hotel íbamos a ciegas, sin referencias y sin conocerlo. Fue un completo acierto, de hecho el año que viene ya hemos decidido repetir. Es un hotel orientado básicamente a niños y familias, por lo que si vas en pareja a pasar unos días de relax no te lo recomendaría. Nuestro peque aún es pequeño para disfrutar como otros niños, pero no por ello lo ha pasado peor. Durante el día había animadores en la piscina realizando actividades distintas, y por la noche realizaban espectáculos orientados al disfrute infantil (y después también había actuaciones para los mayores, pero los niños siempre estaban bailando por allí jeje). Tiene varias piscinas, entre ellas unas dedicadas exclusivamente a los niños que deben ser el paraíso infantil (desde mis recuerdos de niña, pienso en estar ahí y sé que habría alucinado). Os dejo una foto para que me entendáis:

pisicna 1

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Sólo habíamos contratado media pensión, así que los almuerzos los hacíamos allí en el buffet. En esos días Pelón ha avanzado muchísimo en cuanto a comer y probar cosas nuevas, teníamos tantos alimentos a mano que le dábamos a probar todo lo que nos parecía. Primero comía la verdura triturada (con carne o pescado, o verdura sola dependiendo del día) y después le dábamos otros alimentos. Lo sentábamos en la trona a nuestra altura y hacíamos un almuerzo común. En el buffet ofrecían también potitos de la marca Hero, pero nosotros llevábamos los nuestros caseros preparados. Había microondas por todas partes y muchas tronas disponibles, de nuevo todo adaptado para la mayor comodidad de los niños. La experiencia con el almuerzo ha sido muy buena, y gracias a ello en esos pocos días le hemos apreciado muchos avances.

La peor parte se la llevaba la cena, pues teníamos que salir todas las noches a cenar fuera y el pequeño no está acostumbrado. Tiene la rutina nocturna muy asimilada, y para él lo habitual es acostarse temprano y dormir después de cenar; así que le costaba entender que después de la cena nos íbamos a la calle, porque tenía sueño y quería dormirse. Con las distracciones de la calle dormirse en el carro es casi imposible, y a nosotros nos pone un poco nerviosos ver que está cansado y no consigue relajarse. Con los días lo fuimos controlando mejor, pero la verdad es que le sigue costando salir por las noches (él lo que quiere es estar en su casa dormido).

Y hablando de dormir, por las noches en el hotel continuó durmiendo en su cuna y sin problemas. Lo cual es sorprendente porque las ventanas de nuestra habitación daban al recinto donde se realizaban los espectáculos nocturnos, y ni con las ventanas cerradas se disimulaba el tremendo ruido (ese es el único punto negativo para el hotel, el próximo año pediremos habitación en otra zona). Eso sí, a las 12 paraba el espectáculo pero él ya estaba dormido antes. Algunas noches las hacía casi enteras en la cuna y otras se venía a nuestra cama antes, igual que ocurre en casa que a día de hoy aún no duerme toda la noche en la cuna solo.

Durante el día intentábamos respetar horarios y siestas, y nos ha ido realmente bien. La mañana la pasábamos en la playa (le encanta estar en la arena, es verla y empezar a quejarse para que lo deje en el suelo), después de comer nos íbamos a la habitación a dormir la siesta (los tres acabábamos rendidos de la mañana de playa) y al despertar nos bajábamos a la piscina. Tengo un recuerdo muy especial y entrañable de estas primeras vacaciones, y me dio muchísima pena que llegaran a su fin. Las hemos disfrutado al máximo, y para nuestro chiquitín han sido días inmejorables.

Dos semanas después nos fuimos a una casita con mis padres y mi hermano, también en zona de playa. Esta vez nos lo planteamos de forma distinta porque estar en una casa no es como un hotel, pero igualmente intentamos llevar las mismas rutinas que con la estancia anterior. No me voy a extender mucho por no repetirme más, sólo decir que de nuevo Pelón se comportó de maravilla y que ha disfrutado de la playa hasta cansarse. Aquí “la carga” la teníamos más repartida así que el papi y yo también pudimos disfrutar de algún momento de soledad como pareja jejeje.

Para la playa llevábamos preparado de todo, y al final lo único que hemos usado ha sido el carro y la sombrilla (nos llevábamos el carro para que echara la siesta mañanera ahí, me parece más cómo para él que la toalla). Hasta me atrevería a decir que los juguetes le sobraban, porque él prefería las conchas que se iba encontrando por el camino. Me ponía nerviosa pensar en todo lo que necesitaba preparar para ir a la playa con él, y después de dos días la situación estaba más que controlada e íbamos con lo justo (ni la piscina, ni el refugio solar para bebés, ni nada de extras). Definitivamente, menos es más 😉

Y como todo lo bueno se acaba, ya hemos vuelto a la rutina y estamos preparados para la nueva aventura: el comienzo de la guarde. Aunque siga haciendo buen tiempo y calor nosotros ya nos hemos despedido de la playita hasta el próximo año (que seremos cuatro!), ahora estamos intentando centrarnos de nuevo y preparándonos para dar comienzo a la nueva etapa.

Lo que está claro es que no hay color entre las vacaciones con niños y las vacaciones “libres”. Con el niño no paras a tomar el sol, ni leer, ni siquiera tomarte un refresco sentada en la toalla. Acabas el día exhausta de tanta actividad, pero compensa tantísimo verlos disfrutar de esa manera… nuestras caras siempre tenían dibujada una sonrisa, de verlo reír de felicidad o ver su carita de concentración examinando una simple concha. Han sido las mejores vacaciones de mi vida, descubrir de nuevo el mundo con sus ojitos… no tiene precio.

¿Y vuestras vacaciones con los peques? ¿Os lo han puesto fácil o se han resistido un poco más? Espero que hayáis podido disfrutar también, y si aún seguís por ahí no presumáis mucho que da un poquito de rabia ;P

¡Un abrazo y feliz lunes!

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4 thoughts on “Primeras vacaciones siendo tres (y medio)

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