Querer ir a contracorriente

En estos días en los que parece que sólo existe un tema por el mundo blogueril (¿adivináis? ¡Sí! ¡Halloween!) me resisto a hacerme a la idea de que, probablemente, en unos años yo también estaré enfrascada en estos asuntos. Y digo me resisto, porque lo cierto es que no he sido nunca de celebrar este tipo de eventos (en mi época no se conocía más que a través de los libros de inglés) y me molesta un poco dejarme llevar por la corriente.

Creo que hoy en día hay demasiados extras y demasiadas fiestas que celebrar, cualquier excusa para dejarnos llevar por la marea y volvernos locos comprando o consumiendo. No me gusta pertenecer a estos grupos, prefiero mantenerme al margen y continuar con mi vida de siempre. Si a esto le sumas que se me dan fatal las manualidades y que soy bastante perezosa para ponerme a ello… ahora quizá me comprendáis un poco más.

Pero sé que a mi hijo le hará ilusión, que crecerá en ese ambiente (en el cole, inevitablemente, los bombardean) y ¿quién soy yo para robarle sus ilusiones y no hacerlo un poco más feliz? No quiero ser la típica madre antipática que no haga lo que hacen otras mamis, que me compare y se desilusione al ver que en casa no se hace lo que en las demás.

Y va en contra de mis principios, porque lo que me gustaría inculcarle es otra cosa. Me gustaría hacerle ver que hay mucha diversidad de opiniones, que cada persona tiene sus creencias y sus gustos, y que no porque los demás hagan algo lo debes hacer tú también. Pero entiendo que siendo muy pequeño no puedo pretender que comprenda tanto, así que con casi total certeza sé que tendré que dejarme llevar y hacer lo que el resto.

No sé si por ser así en un futuro me ganaré que el resto de madres del cole me tengan fichada y no precisamente para bien. El mundo de las madres y los colegios aún lo veo lejos… pero la verdad es que ya le tengo cierto respeto sólo por ideas preconcebidas.

Temas como los regalos a los profesores, que cada año se repiten y donde hay multitud de opiniones y experiencias. Hoy por hoy tengo la idea de que no quisiera ser partícipe de ningún tipo de regalo, pero si no lo hago ¿perjudicará eso en la visión que el resto de padres e incluso profesores tengan de mi hijo? Puede ser que por mis ideales o comportamientos la vida social de mi hijo se vea afectada, y es un precio que no pienso pagar. Los niños son niños, y no deben responder por los actos de sus padres. Pero creo que es algo que continuamente se nos olvida.

Así que yo sola me hago mis cavilaciones mentales, me adelanto a los acontecimientos y me indigno sin necesidad. Quizá sea una manía mía el ir a contracorriente, nunca me gusta seguir lo que hacen las masas y cuanto más me insistan en hacer algo “porque todos lo hacen” menos quiero hacerlo yo. Soy un poco puñetera para qué negarlo, y bastante cabezona. Pero con el tema hijos me toca tragar, porque su felicidad se antepone a la mía y ahí no otra cosa que valga.

Por lo pronto el viernes celebran Halloween en la guardería y tenemos que llevar comida para que todos la compartan en clase y se monten su fiestecilla, y aquí servidora ya está quebrándose los sesos pensando en algo original que pueda gustarle a niños de entre 1 y 2 años. Difícil tarea para una primeriza que quiere ir a contracorriente, aunque sea interna jejeje! 

¿Alguna idea papis y mamis blogueros con experiencia? Agradecería muchísimo cualquier aportación y orientación, que es el primer Halloween de mi peque en el cole y no quiero crear un mal recuerdo ;P

Gracias por leerme y pasar por aquí, ¡espero que disfrutéis del fin de semana y de la fiesta a los que sí os gusta y la celebráis!

Abrazos de una que cuanto más habla, más tiene por donde callar…

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Segundo trimestre del segundo embarazo

Pues sí, ya estoy en la semana 30 prácticamente y puedo decir que he superado el segundo trimestre y  que me adentro de lleno en la fase final. Se supone que éste es el mejor de los 3, el más asintomático y el menos molesto. Para mí esto se cumple, aunque también es verdad que tengo una larga lista de efectos secundarios a esta etapa. Os los cuento a continuación:

  • Acné juvenil: He atravesado una rachita en la que más que una “casi treintañera” parecía quinceañera total. Tenía más grasa de lo normal en la cara, especialmente en la frente que se me inundó de pequeños granitos y aún no han desaparecido del todo (queda alguno rezagado). Dicen que el embarazo embellece… permitidme que lo dude, yo me veía peor que nunca.
  • El pelo deja de caerse: Este es de mis preferidos, pues llega un momento en el que apenas se me cae el pelo y crece más rápido. Lo he experimentado en ambos embarazos, y al final el resultado es hasta notable (la peluquera se sorprende cuando voy). Me viene de maravilla porque en el posparto la caída del pelo es brutal, así que ahora tengo que reponer para evitar quedarme después medio calva (y no exagero).
  • El vello deja de crecer: Así cualquiera se puede quejar, ¿no? Es otro de los beneficios de estar embarazada que empiezo a notar a partir del tercer mes, y también me ocurrió con el anterior. No es que me quede completamente sin vello en el cuerpo (ojalá), es simplemente que no necesito depilarme con tanta frecuencia y los que salen son más débiles y menos abundantes. Un lujazo.
  • Piel más hidratada: No sé si tendrá relación con el primero que he comentado de tener la piel más grasa, pero en general la piel del cuerpo la tengo mucho más hidratada de lo normal. Mi piel es súper seca, tengo que usar crema todo el año para mantenerla más o menos decente (sobre todo en invierno); sin embargo en esta etapa noto que deja de estar tan seca y que puedo pasar sin hidratación. Y eso para mí es un súper lujo, pues me da una pereza enorme.
  • Aumento del apetito: Sí, todo no va a ser maravilloso. Tengo un hambre voraz, cuando llega la hora del almuerzo soy capaz de comerme cualquier cosa que se cruce en mi camino. Me cuesta saciarme, y de nuevo tengo ganas de dulce a todas horas. El tema de la comida es el más difícil de controlar para mí, pues es mi punto débil…
  • Sofocos: Ahora comprendo a mi madre cuando empezó con los síntomas de la menopausia y se iba a abrir la ventana de par en par en pleno enero. Estoy continuamente acalorada y sudando (y yo siempre fui de las frioleras), a día de hoy sigo durmiendo con pijama de verano y sin usar calcetines (cuando siempre los he necesitado para dormir, mis pies suelen estar congelados). No veo el momento de que llegue el frío de verdad y yo pueda tener un respiro, aunque creo que a medida que avancen los meses esto irá a peor. Menos mal que esta vez me pilla en invierno.
  • Molestias abdominales: Las he sentido en varias ocasiones, una especie de dolores menstruales pero sin llegar a ser contracciones. No sé si se ha debido a épocas de mayor estrés, o al propio crecimiento del bebé. No recuerdo haberlo sentido con el primer embarazo, pero claro el segundo es distinto (tienes más conciencia de todo). A veces me ha preocupado por lo que se lo comenté a mi ginecóloga, pero me dijo que era algo normal y que se debía a tener una vida más activa. 
  • Calambres en las piernas: Especialmente calambres nocturnos. Son bastante dolorosos y cuando me dan hasta me despiertan, parece ser que es muy común en esta etapa del embarazo. Me ha ocurrido varias veces, son temibles.
  • Pechos sensibles: Si durante el primer trimestre no percibí ningún cambio en el pecho, los he percibido todos durante el segundo. Han aumentado su tamaño y están hiper sensibles, tanto que a veces pienso en la lactancia y me da hasta miedito imaginar lo que me queda por pasar. Recuerdo perfectamente las primeras semanas con Pelón, hasta que el pezón se hizo al amamantamiento fue muy doloroso. Supongo que es parte del proceso.
  • Dolor de espalda y costillas: Esto ocurre desde hace un par de semanas, y es de los peores efectos para mí. Estar sentada se convierte en un martirio, pues el dolor de espalda no hay quien lo calme. Si son varias horas se le unen las costillas, pero lo peor es que aún me quedan los meses fuertes en los que el peso del niño aumentará considerablemente y mi espalda acabará destrozada. Creo que haber tenido dos embarazos tan seguidos no ha hecho más que empeorar esto, por ahora como mejor estoy es acostada pero esto es inviable durante el día. 

Hay alguno más que considero insignificante, y por no extenderme demasiado no los voy a mencionar. Ya estoy contando los días para dar fin a este segundo embarazo, que no está siendo especialmente molesto ni peor que el anterior, pero para ser sincera empiezo a estar cansada de esta etapa. Tengo ganas de empezar a normalizarme, aunque sé que será un proceso lento y costoso, pero psicológicamente necesito un poco de normalidad. Todo llegará, por ahora dejaremos a Pequeño J seguir creciendo y poniéndose gordote aquí dentro, pues al fin y al cabo lo más importante es él.

Besitos y gracias por leerme.

 

 

Lo peor de ser madre

Los que ya os habéis adentrado en el sorprendente mundo de la p/maternidad ya lo sabéis, esto no es un camino de rosas. De hecho, pienso que es la tarea más complicada a la que nos enfrentaremos jamás. Os he hablado otras veces de las cosas buenas, porque mi realidad es que lo bueno compensa con creces. Pero hay momentos muy malos, y también es necesario contarlos.

Si me seguís por las redes sociales sabréis que desde que Peloncete comenzó a ir a la guarde, no ha dejado de estar malito. Afortunadamente no ha sido nada grave, pero sí prolongado en el tiempo. Y tanto al papi como a mí, nos tiene exhaustos. Una de las peores cosas de ser madre, sin duda, es verlos enfermos. No sabía que podía sufrir tanto por otra persona, que podía dolerme tanto o más que si me estuviera ocurriendo a mí. Escucharlo respirar con dificultad y sentir que soy yo quien se asfixia, escucharlo toser y sentir el dolor del pecho, verlo llorar y pedir mimos y desear entregarle mi vida por verlo bien…

Es el sentimiento más hondo y doloroso que existe, ver a tu hijo “enfermo” y querer cambiarte por él. Tan pequeñitos, tan indefensos. Es doloroso, muy doloroso. Cuando mi pequeñín apenas tenía 4 meses, pasamos por una bronquiolitis que nos dejó marcados. Estuvo ingresado dos noches en el hospital, debido a una complicación (se formó un tapón de mocos en un pulmón, atelectasia) y lo recuerdo como unos días horribles. Estábamos muy asustados, todo era nuevo para nosotros y no sabíamos manejar demasiado bien la situación. Desde entonces, el tema mocos lo tenemos bastante controlado y hemos aprendido bien a defendernos. No ha vuelto a ocurrir nada tan grave, ha tenido varios resfriados pero nunca han ido a más afortunadamente.

Es un niño muy fuerte que no suele quejarse, no pierde el apetito ni las ganas de jugar aunque esté malo. Cuando lo he visto lloriquear y buscar mimos, me ha entristecido muchísimo porque es señal de que realmente se encuentra mal. Sé que tenemos que pasarlo, que es inevitable y hay que acostumbrarse, y que afortunadamente son cosas tontas que no conllevan gravedad. Pero cuando llevas un mes y medio de una en otra… se hace cuesta arriba, no ves el momento de verlo recuperado por completo.

Otra de las cosas malas de la maternidad, que también va de la mano de las enfermedades, es la falta de descanso. No volver a dormir 8 horas seguidas durante años (para mí era imprescindible dormir al menos 8 horas). Me está pasando factura con el segundo embarazo, no hay noche que descanse bien o que no me despierte varias veces; algunas incluso estos despertares me quitan el sueño y me dejan dando vueltas durante horas. Pelón es un niño que duerme bien, no ha sido una tarea difícil para nosotros, pero aun así no es lo mismo que cuando no tienes hijos. Él sigue en nuestra habitación, en su cuna y a veces en nuestra cama. Suelo despertarme con sus movimientos, porque creo que se ha despertado. La mayoría de veces sólo está cambiando de postura, pero mi oído de madre me hace identificar cada pequeño ruidito. Otras veces se viene a la cama, y dormir con él al lado no es algo cómodo a estas alturas. Ahora que lleva tanto tiempo malito, peor aún. Cada mañana al levantarme y mirarme al espejo parece que he envejecido 10 años, tengo unas ojeras que no me he visto en la vida. Cuando dentro de 2 meses seamos uno más, supongo que directamente me convertiré en un oso panda…

Y no nos vamos a engañar, la vida en pareja se resiente. Nos falta tiempo para dedicárnoslo a nosotros mismos, y sobre todo nos falta energía. Ayer mismo pensaba yo en un tiempo lejano, cuando una tarde de lluvia podía convertirse en el plan más romántico para quedarnos en casa acurrucados viendo pelis y comiendo chocolate. Ahora… ni en sueños. Una tarde de lluvia puede ser un suplicio, sin poder salir al parque a jugar y teniendo que inventar lo inimaginable para entretener al niño toda la tarde en casa. Acabas más agotado aún, y un pelín desesperado. Cuando el pequeño se duerme, ya no te quedan ni ganas de acurrucarte en el sofá a ver aunque sea un programa chorra. Lo que necesitas es ir a la cama, cerrar los ojos y desconectar el cerebro hasta nuevo aviso. Como mucho un par de besos y recordarnos que nos seguimos queriendo, aunque no nos dejen hacerlo.

Podría ponerme a analizar cada cambio y valorar los aspectos negativos, pero no creo que sea necesario dramatizar tanto. Para mí lo peor, sin dudar, es verlos malitos. Es sufrir por ellos. Todo lo demás, es pasajero y tiene solución. Ya tendré tiempo de dormir, y la relación de pareja seguro que saldrá más fortalecida de esta etapa y con una compenetración total. Son cosas que no me preocupan, pero existen y también es bueno reírse de ellas.

Convertirte en madre es algo que ocurre de la noche a la mañana sin que nos lo enseñen, sin imaginar siquiera todo lo que vas a sentir. Se sabe cuando se vive, y en el camino ocurre de todo. Se pondrá a prueba nuestra fortaleza, nuestra paciencia, nuestra seguridad. Pero a cambio recibiremos tanto… que indudablemente merece la pena.

Nos leemos de nuevo el lunes, un abrazo a todos y feliz fin de semana.

Productos que usamos (II): Crema para el cambio de pañal

Para continuar con mi nueva sección de productos recomendados y seguir en la línea del post relacionado anterior (pañales), hoy os quiero hablar de nuestra experiencia con la cremita para el cambio de pañal.

No me gusta abusar de este tipo de cremas, no siempre la aplico y cuando lo hago no uso grandes cantidades. Esta es una cuestión de gustos o creencias, yo no lo veo tan necesario y la verdad es que Peloncete siempre ha tenido muy bien la piel de la zona. Exceptuando alguna ocasión que la ha tenido más irritada, coincidiendo con haber estado malito, nunca hemos tenido problemas afortunadamente.

Como siempre, prefiero usar productos ecológicos y lo más naturales posible (aunque no siempre puede ser). Os cuento varias marcas que hemos probado y mis opiniones de cada una:

be

  • Be+: Fue la primera crema que probamos y que estuvimos usando mucho tiempo, habíamos escuchado varias opiniones de otros padres sobre que era la mejor crema del mercado y no nos atrevíamos a cambiar (miedos tontos de primerizos). Es muy fácil de untar y nada pegajosa, y crea una película protectora bastante resistente. Es una crema que me gusta y que recomendaría si tuviera que elegir una, aunque prefiero las ecológicas.
  • Anthyllis: Ya he hablado de esta marca en otras ocasiones, pues es de mis favoritas anthyllisde productos de higiene ecológicos. No es una pasta al agua como la anterior, es una crema que aplicas y protege la zona y la hidrata pero no crea la película protectora (esa capita que deja la piel blanquecina). Su olor es a hierbas, a natural; y su textura es suave y no pegajosa. Es de mis favoritas, junto con la de la marca Irati (otra marca también de productos ecológicos). La verdad es que recomendaría las dos indistintamente, no encuentro diferencias entre ambas y los resultados son iguales de buenos. Los precios son prácticamente iguales.

denenes

  • Denenes: Otra que hemos usado y que suelo llevar en el bolsito de calle es la de Denenes. Me gusta también su textura y su resistencia, es suave, no tiene prácticamente aroma y crea una película protectora resistente. Su precio también es económico y los resultados, como ya digo, son buenos.

johnson

  • Johnson’s: De esta existen dos tipos, la crema normal y la regeneradora. Nosotros hemos probado la normal, y los resultados son similares a los de la anterior marca, aunque con un poco más de aroma. Me gusta también, y su precio es económico.
  • Corine de Farme: Esta es la última que hemos probado, especialmente para llevarlcorine-de-farmea a la guarde y para la maleta de calle. Como las ecológicas siempre son más caras, no me gusta echarlas para la guardería y que se malgasten. Así que busqué algo similar a lo ecológico pero más asequible, y di con esta marca. La verdad es que me ha gustado mucho, es ligera y suave y protege también. Por ahora nos quedamos con esta marca como elegida para lo que he comentado, y las ecológicas para el uso diario en casa.
  • Proskin Neo: Y por último quería mencionar esta crema, que no es una crema deproskin pañal en sí porque tiene múltiples usos. Nosotros siempre tenemos un bote en casa para cuando hay alguna irritación, y ya os digo que es maravillosa. En cuanto le he visto la piel un poco roja se la he aplicado y al siguiente cambio de pañal ya estaba recuperada. La recomiendo encarecidamente para estas ocasiones, pues el alivio es instantáneo. Además, su precio también es económico y nunca he tenido problema para encontrarla en cualquier farmacia.

Como podéis ver, los resultados con todas han sido buenos y no tengo críticas para ninguna de estas marcas. Tengo mis preferencias como ya he recalcado, pero la verdad es que todas van bien y son buenas para su uso. 

Y vosotros, ¿habéis probado estas marcas? ¿alguna otra que no haya mencionado y me queráis recomendar? ¿habéis tenido, por el contrario, malas experiencias con alguna de éstas? ¡Contadme que siempre me gusta conocer vuestras opiniones! 

Gracias como siempre por pasaros, espero que disfrutéis del fin de semana. ¡Un abrazo!

No me gusta estar embarazada

Pues así es. Esa es mi realidad, y no quiero disfrazarla. Llega un momento del embarazo en que lo pienso muy a menudo, aunque intento evitarlo, pero lo cierto es que estoy cansada de estar embarazada.

Con el embarazo anterior me ocurrió igual, y aunque éste me lo he tomado con más filosofía al final ha despuntado mi cansancio. A esto se le une que el embarazo anterior lo tengo súper reciente, y a veces los confundo mentalmente y me da la impresión de que llevo embarazada un año y medio. Un poco agotador.

El embarazo no es un estado idílico, tampoco una enfermedad como estamos cansadas de oír, pero lo cierto es que no estás como siempre. Repercute en muchos aspectos, a veces de manera positiva y otras de manera negativa. Eso es así, y dependiendo de cada mujer estarán más a gusto con su estado o menos.

Yo no soy la típica embarazada dulce y llena de amor (la verdad, creo que de estas hay pocas). No inspiro ternura, no me siento bella, ni tengo una mini barriguita de esas redonditas y preciosas. Yo soy una mujer más bien brutota, que ando por ahí con mi panza cervecera haciendo (o intentando hacer) lo mismo que si no estuviera embarazada (cargando compra, subiendo y bajando carro y niño del coche, sacando a perras, pasando aspirador por casa, poniendo lavadoras y cargando con la ropa mojada para tenderla…). Soy bastante bestia por naturaleza, en todo lo que hago, y ni estando embarazada sé disimularlo.

Me siento menos bella que nunca, cada cambio en mi cuerpo me resulta desagradable y hace que a veces prefiera no mirarme al espejo. Echo de menos ponerme un vaquero normal con cualquier camiseta sin tener un barrigón de por medio, o poder agacharme para atarme los cordones sin pasar un mal rato. No me veo bien con nada, si me visto con ropa ancha parezco una “mesa camilla”; si me pongo ropa estrecha veo curvas por todas partes. Tengo peor cara que nunca, pues las ojeras no hay quien las disimule y el cansancio nunca se va. Además, me ha salido acné (que no suelo tener) y estoy peor que una adolescente.

Me cuesta estar de buen humor, suelo enfadarme con facilidad y estoy bastante susceptible. Tengo poca paciencia y salto a la mínima. A veces también estoy muy triste, y odio estos cambios hormonales continuos que me tienen en una montaña rusa de emociones. Me gustaría estabilizarme y dejar estos humores para esos días del mes, que a veces hasta echo de menos.

Estoy cansada de engordar y no poder hacer nada para remediarlo. De tener hambre a todas horas y ganas de chocolate cual yonki. De esta pereza continua que me quita las ganas de moverme y salir a ejercitarme un poco, que nunca he sido yo deportista ni muy activa, pero ahora menos aún.

Y lo peor es que ya me estoy desesperando y aún me queda el que, para mí, es el peor trimestre. Ahora viene lo fuerte, el último tirón. Cuando la barriga ya se desborda y no hay quien la controle, cuando empiezan las contracciones de BH y se pone dura a cada rato, cuando el dolor de costillas se hace insoportable y no hay postura que lo alivie. Esa etapa en la que tengo que levantarme dos veces a orinar por la noche, en la que el insomnio hace acto de presencia y no te deja descansar lo que necesitas. El momento de volverme loca y preparar todo para la llegada del bebé, ese dichoso síndrome del nido que me hace limpiar rincones insospechados. Las molestias con las posturas del bebé, que se clava por aquí y por allí. Los pies que se hinchan, los sujetadores que no puedo soportar… todo ello aún está por llegar.

Y la verdad, no veo el momento en que pase todo. Estoy deseando volver a la normalidad, dejar un poco lo de ser madre y poder ser también mujer (que es lo que menos me siento ahora). Y sé que aún me queda para ello, porque el posparto es otra etapa dura y hasta que me recupere por completo tiene que pasar un tiempo. No sé qué es peor…

No me gusta estar embarazada, hay mujeres que viven esta etapa como la mejor de sus vidas y la disfrutan de verdad. No es mi caso, pero esto no afecta ni un ápice al amor que ya siento por mi hijo. Porque para mí, estar embarazada y ser madre no van exclusivamente de la mano. Porque estoy deseando conocer a este nuevo ser y entregarme a él, y sé que será de nuevo una experiencia maravillosa e insuperable. Ser madre me encanta, y es un papel que no cambiaría. Adoro a mis hijos, es el sentimiento más fuerte que jamás he tenido. Pero la etapa previa, el embarazo y todo lo que conlleva… si pudiera me lo ahorraría.