De no querer bañarlo a hacerlo a diario

Cuando nació Peloncete tenía muy claro que no lo iba a bañar a diario, pues no lo veía necesario para un bebé que apenas se movía y no me gusta abusar de productos ni de echarle cosas artificiales en su piel. Al tercer día en el hospital le dieron su primer baño (papi acompañándolo), y en casa no lo volvimos a bañar hasta 8 días después (y porque el padre insistió, yo seguía sin querer hacerlo).

Así pasamos los primeros meses, bañándolo cada 4 días más o menos a no ser que hiciera algo extraordinario o estuviera más sucio de lo normal. El culito sí se lo lavábamos con agua y jabón, por aquello de las cacas. A medida que ha ido creciendo y pasando el tiempo, esto ha cambiado mucho y no del modo que yo quería.

Cuando empezamos a establecer unas pautas para su día a día a modo de rutina (os lo conté aquí), alrededor de sus 6 meses, introdujimos el baño diario como método de relajación antes de dormir pues creíamos que funcionaba. Yo, a día de hoy, no estoy muy segura de esto porque había días que salía del baño prácticamente dormido y otros en los que después de bañarse seguía pidiendo juerga. Pero el caso es que así lo establecimos, y a medida que ha ido creciendo lo ha relacionado con el siguiente paso: cenar y dormir. Así que, actualmente, veo que es imposible anularlo.

Lo que sí hago es no darle todos los días con gel (aunque el que usamos es 100% ecológico y libre de tóxicos), muchas veces simplemente lo dejo bajo la ducha y lo enjuago un poco con agua calentita. Él siempre se baña con nosotros, unos días con papá y otros con mamá. Y el baño se ha convertido en la última oportunidad del día para agotar las energías que queden, jugar un ratito más y salir listo para cenar y acostarse.

Hay veces que me cuesta horrores sacarlo de la ducha, aun sin agua y con frío él quiere seguir jugando. Para él es un momento de diversión y también de unión, porque le encanta que lo coja en brazos y nos pongamos los dos bajo el agua abrazaditos (y a mí ni os cuento). Se queda apoyado en mi hombro acariciándome con las manos la espalda, y yo me lo como a besos y caricias también, y se relaja muchísimo. Es muy cariñoso y le encanta el roce, especialmente si es piel con piel, y creo que apoyarse en mi pecho es un método infalible para relajarlo y hacerlo sentir seguro.

De modo que el baño es a diario, aunque algún día se ha librado pero en muy contadas ocasiones. Si me lo llegan a decir meses atrás me habría llevado las manos a la cabeza (cuando me pongo cabezona nadie me gana), pero lo cierto es que las pautas te las va marcando el propio niño y sus necesidades. No se puede planear nada de antemano y mucho menos decir “de este agua no beberé”, hay que ser flexibles y dejarnos guiar por nuestro instinto y lo que vaya surgiendo en cada momento. Creo que es la mejor manera de evitar frustraciones y sobrellevar el día a día, siendo estrictos poco podemos conseguir.

Y vosotros, ¿tenéis el momento baño también como parte de la rutina diaria? ¿es algo más que el simple hecho de lavarse, como nos ocurre a nosotros? ¿o podéis prescindir completamente de ese momento porque no forma parte de vuestra rutina?

Me despido hasta el lunes, espero que disfrutéis del fin de semana que por suerte para mí empieza hoy y lo tengo repleto de planes 😀 ¡Un fuerte abrazo!

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Ropa y embarazo: mi eterna lucha

Cada día cuando abro el armario me ocurre lo mismo: me quedo ahí de pie, mirando como un pasmarote pensando qué me puedo poner para verme bien y estar cómoda. Ya en la semana 34, casi nada de mi ropa “normal” me sirve y tengo que recurrir a las pocas prendas premamá que tengo. Así que visto casi siempre igual, y no veo el momento de volver a usar de nuevo mi ropa…

Para mí vestir “bien” y estar embarazada se me hace complicado, y más llegado a ese punto del embarazo en el que tenemos la barriguita prominente. He vivido dos experiencias opuestas, pues mientras un hijo nació en agosto el segundo lo espero para enero; y puedo decir que influye considerablemente en la ropa y la facilidad a la hora de vestir. En verano puedes apañarte con cualquier vestidito ancho que ya tuvieras, pero en invierno hasta el abrigo puede ser un problema.

Me indigna profundamente que la ropa premamá sea tan cara, yo no sé vosotras pero a mí me parece excesivo gastarme 39,90€ en un pantalón (esto en el mejor de los casos, en H&M por ejemplo). No suelo vestir de marca, me gusta ir mona y vestir bien pero también me gusta economizar en mis prendas. En mi estado natural (sin estar embarazada) suelo comprar la ropa en outlets, o en tiendas normalitas en las que los precios son asequibles (sfera, lefties, zara). Así que acostumbrada a no gastarme más de 20€ en un pantalón, los precios de la ropa premamá me parecen muy exagerados. Por ello, compro lo mínimo y necesario e intento apañarme con mi ropa normal.

Desde mi experiencia, es imprescindible tener al menos un par de pantalones premamá (unos vaqueros y unos negros, por ejemplo) y otro par de leggins también premamá (llega un momento en el que es lo más cómodo). Yo tengo más, pues en el embarazo anterior me compré algunos y en este también (aunque menos). Supongo que habrá chicas que sobrevivan perfectamente sin tener  estas prendas adaptadas, a mí desde luego se me hace mucho más cómodo vestir pantalones premamá que los normales. Aún hay alguno normal que me entra y que puedo cerrar (milagrosamente, por debajo de la barriga), pero la verdad es que cuando me siento me molesta bastante el botón porque se me clava, por lo que evito ponérmelos.

En cuanto a partes de arriba, también tengo un par de camisetas de premamá pero el resto es mi ropa de siempre. Son mucho más cómodas porque son más largas, tapan la barriguita al completo y se adaptan a la perfección a las curvas. Además, estéticamente quedan mejor. He podido aprovechar más de mi ropa porque la mayoría son prendas sueltas, por lo que se adaptan bien al bulto; pero las prendas que tengo estrechas no me suelen valer porque se acortan demasiado y dejan la mitad de la barriga asomando. A no ser que sean especialmente largas, no puedo aprovecharlas en la recta final del embarazo.

También tengo algún vestido premamá y alguna blusa, es lo más cómodo y práctico como ya he dicho. Imprescindible no, pero si algún día quieres verte mona y poder ponerte algo fuera de lo cotidiano pues se agradece tener un vestidito o una camisa más arreglada que se ajuste bien al bultito y te haga sentir más guapa.

Uno de mis mayores problemas, especialmente al final del embarazo debido al dolor de costillas y de espalda que padezco todo el tiempo, son los sujetadores. Se me hace insoportable llevarlos puestos, me aprietan mucho la espalda y me incomodan en la parte de abajo del pecho. He probado a comprar tallas más grandes, lo cual no me sirve porque la copa se queda sin rellenar y no hace el pecho bonito; he probado a usar sujetadores de lactancia, cosa que tampoco me seduce porque suelen ser más anchos y eso significa más presión… lo que mejor me va son los sujetadores deportivos, y si son elásticos y sin broche mejor que mejor. Aun así, estoy deseando llegar a casa para deshacerme del que lleve puesto. Pero dentro de lo malo, es lo más llevadero.

Las braguitas también son importantes, al menos en mi caso. En mi primer embarazo me hice con un arsenal de bragas XXL para ir bien cómoda y no sentir presión por ninguna parte. Me sentía vieja total, porque además de grandes eran muy altas y aquello quitado parecía las braguitas de mi abuela (estéticamente horribles, pero muy cómodas). Está claro que los casi 30 kg de peso que engordé no me dejaron muchas opciones, y me vi obligada a usar eso por anteponer mi comodidad a la estética. En este segundo embarazo, en el que estoy bastante más controlada en cuanto al aumento de peso y físicamente mejor, he optado por las braguitas de encajes. Aprovechando un día que estuve en Primark (me pilla a más de una hora de casa), me compré varios paquetes de braguitas con el filito de arriba de encaje elástico (por lo que no aprietan), de talle bajo y muy monas. Me vienen genial porque por más que la barriga engorde y abulte, el encaje estira mucho y deja espacio para lo que haga falta. No aprietan por ninguna parte, y son comodísimas. Al menos no parezco la vieja de antaño, y me sigo sintiendo un poco más femenina. Que también es necesario.

Aun así, cada día mi lucha es la misma: abrir el ropero y quebrarme la cabeza para ver qué me pongo que haga parecer que no siempre llevo la misma ropa. Son pocas prendas las que puedo usar actualmente, y las voy intercalando de manera que parezcan más de las que son. Ya a estas alturas no quiero comprarme nada más porque creo que no lo voy a aprovechar lo suficiente, pero me las veo y me las deseo para vestir cómoda y mona a la vez. Por lo menos a día de hoy, puedo seguir usando mis zapatos de siempre lo cual es un punto a favor (en el embarazo de Pelón tenía los pies tan hinchados que tuve que comprarme chanclas de un número más y no podía usar otra cosa). Es más, hoy me he puesto unas botas del año pasado que son por las rodillas ¡y me han cerrado perfectamente! Lo que quiere decir que la pierna sigue igual y no ha engordado, y para mí esto es un subidón enorme (la autoestima tampoco me acompaña llegados a este punto).

Así que, resumiendo, mi consejo es tener algunas prendas básicas de premamá. Porque son más cómodas, y porque te harán verte mejor. La ropa normal por más que queramos no sienta igual de bien. Si no engordas apenas supongo que sí podrás utilizar tu ropa de siempre bastante, y si solías usar cosas anchitas y largas también lo tendrás más fácil a la hora de seguir poniéndote estas prendas. Tampoco hay que volverse loca comprando ropa premamá, porque sólo es una etapa y como ya he dicho es más cara de lo habitual y después del embarazo no vas a volver a ponértela (a no ser que vuelvas a embarazarte, claro está).

Y vosotras, ¿qué habéis hecho en vuestros embarazos? ¿os pasaba como a mí, que no sabíais ya que inventar para vestir y veros bien? ¿sois de aprovechar la ropa de siempre o compráis ropa premamá? Si tenéis consejitos no dudéis en dejármelos que siempre se agradecen 😉

Un fuerte abrazo y feliz martes.

 

El tiempo pasa y todo lo arrasa

Hoy estoy un tanto melancólica, con el embarazo ya sabemos que nos convertimos en un cúmulo de emociones que tan pronto nos hacen reír como llorar. Hay días en los que no puedo aguantar las lágrimas, ante cualquier cosa absurda que me ocurra o que piense. Otras veces estoy tan susceptible que no se me puede ni hablar. Y también tengo esos momentos de estar desbordante de cariño y volverme melosa…

Pero hoy me siento melancólica. He querido echar la vista atrás, recordar estos meses desde que nació mi pequeño. He vuelto a releer algunas de las entradas que publiqué, y me he sorprendido a mí misma al descubrir que muchas cosas no las recuerdo.

Si no lo hubiera escrito… habría perdido muchos recuerdos, y eso me apena sobremanera. Me alegro de tener éste, mi rincón “secreto” donde desahogarme y confesarme, y dejar constancia de lo que voy viviendo. Algún día será lo que me salve de olvidar, cosa que me aterroriza.

Porque no quiero olvidar nada de la vida de mi hijo, pero supongo que mi mente no va a ser capaz de almacenar cada detalle de todo su crecimiento. Sólo recordaré aquellas anécdotas graciosas o los momentos importantes, al igual que algunas cosas no tan buenas por desgracia.

No sé si recordaré que lleva unos días diciendo “hola” continuamente, y que es la primera palabra que le he oído decir con consciencia. Quizá me olvide de aquel día la semana pasada, cuando en el parque una niña le saludó y él contestó sonriendo también con su “hola”. Con esa vocecita tan dulce, y perfectamente pronunciado para nuestra sorpresa. A sus 14 meses.

Quiero recordar también que ha empezado a decirme que no con la cabeza, y que cuando no quiere hacer algo me lo expresa libremente. Menea la cabeza a los lados en señal de negativa, y me hace mucha gracia porque en realidad menea más los hombros y parece que esté bailando. A mí me derrite.

O esta misma mañana, cuando le he dado su cepillo de dientes y nos hemos cepillado los dientes los dos a la vez. Él riendo por la situación y ambos bailando porque sonaba una canción en la tele, esos bailes suyos que consisten en doblar las piernas dando pequeños saltitos. Son momentos únicos.

La vida… es tan simple y tan bonita. La desperdiciamos tanto algunas veces, nos empeñamos en complicárnosla y estropearla. No la valoramos, no valoramos que tenemos todo lo que necesitamos para ser felices. Levantarme y encontrarme con mis dos chicos (y mi tercero en la barrigota haciendo de las suyas), es lo único importante. Tener a mi familia siempre apoyándome y ayudándome, con salud, y verlos disfrutar de mi pequeño. Tener a mis buenas amigas, sacar un rato para un café y ponernos al día y desahogarnos. Disfrutar de un día de sol, dando un paseo con mis chicos y mis perritas. No hay más que pueda pedir, me sobran los motivos para sonreír.

Alrededor pasan cosas, no siempre son buenas. Pero no quiero dejar que esas cosas mengüen mi felicidad, tengo que disfrutarla ahora.

Hoy hace un año me encontraba en una situación no demasiado buena, y recuerdo esa época como una de las peores que he pasado (por no decir la peor). Peloncete cumplía 3 meses, y a mi padre lo operaban para extirparle el tumor que le habían diagnosticado apenas dos meses antes. Me recuerdo muy débil, psicológicamente hablando. Recuerdo que no me lo quisieron contar, que mi marido me iba diciendo algunas cosas para que me hiciera a la idea. Recuerdo a mi madre sufrirlo sola, porque yo acababa de ser madre y me encontraba en un momento delicado. Recuerdo a mi padre intentando hacerse el fuerte y ocultarme su miedo.

Fueron 10 días hasta que volvió a casa, 10 días muy duros en los que me encontraba totalmente dividida entre estar con mi pequeño (que demandaba pecho continuamente) y estar con mi padre. No pude ni quise dedicarme a nada más, estaba mentalmente agotada.

Aprendí mucho de esta época, después ocurrieron más cosas derivadas que también me han abierto los ojos y me han ayudado a hacer cambios necesarios. Actualmente esta experiencia sólo es un recuerdo, que quizá algún día también olvide. Mi padre se encuentra fenomenal, y nuestras vidas volvieron a su cauce. Nos queda el aprendizaje, y el mal recuerdo hasta puede convertirse en bueno si pensamos en todo el cariño que se desprendió en aquellos días y los posteriores. Todo se puede transformar.

Así que no podemos permitirnos no disfrutar de nuestros días por minucias, cuando ocurren las cosas malas de verdad ya no tenemos vuelta atrás. Ahora hay que vivir, reír y darnos todo el amor que podamos. La melancolía me ha llevado por momentos buenos y menos buenos, pero mi suerte es poder seguir aquí contando y dejando constancia de cada momento. Por si, en un futuro, las cosas importantes se me olvidan.

Feliz jueves y fin de semana.

Un abrazo.

Llegada del bebé: preparando las cositas para Pequeño J

Sí, ¡por fin! Estaba deseando empezar con los preparativos de mi pequeñín, porque antes me ha sido completamente imposible. Yo, previsora hasta la médula y organizada de nacimiento, con Peloncete lo tenía todo listo con mucho tiempo de antelación y ahora me sentía súper dejada viendo que pasaba el tiempo y no había preparado ni un simple pijamita.

Os cuento las cositas que tenemos y de paso hago una pequeña lista de lo que yo creo que se necesita preparar para la llegada de un bebé:

ROPA

Ya tengo toda la ropa que creo que Pequeño J va a necesitar sacada, comprada y lavada. Me queda planchar lo necesario y colocarlo todo en el armario, junto con las cosas de su hermano “mayor”. En su día Marido y yo fuimos previsores y compramos un armario grande, por tener espacio de sobra y que no nos limitara y actualmente nos viene de perlas porque los niños compartirán habitación (sí, tenemos otra habitación más pero por el momento queremos que estén juntos).

Me hace una ilusión tremenda ponerme a organizar su ropero y guardar todas las cositas de ambos, cada uno con su espacio. Las fechas de nacimiento de los peques no pueden ser más dispares (Peloncete en agosto y Pequeño J se prevé para enero), así que pensé que no podría aprovechar mucha ropa de su hermano. Para mi sorpresa, cuando saqué todo lo que tenía guardado he comprobado que tengo muchos bodies y pijamas que nos vienen de perlas. Como madre primeriza me volví loca comprando cosas “por si acaso”, no conté con que el bebé no necesitaría apenas ropa con el calorazo de agosto y compré hasta bodies y pijamas de manga larga. La mayoría los guardé sin estrenar, pero ahora sí me van a servir.

He tenido que comprar poco para Pequeño J, algún abriguito y ropa un poco más calentita pero he intentado ser realista. Los primeros meses crecen que da miedo, a veces entre que lavas una prenda y se la vuelves a poner ya no le queda bien. Además, considerando la fecha en la que nacerá no creo que salgamos demasiado a la calle. Por lo que me he provisto de muchos pijamas y bodies (por aquello de los escapes y regurgitaciones) y de algunos conjuntos cómodos y calentitos para las pocas salidas que hagamos. Ya iré enseñando fotos cuando lo tenga todo colocado 😉

PAÑALES

Otra compra necesaria han sido los pañales, obviamente. He vuelto a comprar los Dodot Sensitive, pues fueron los que usé con Pelón los primeros meses y la experiencia fue estupenda (como ya os conté aquí). Aprovechando un 3×2 en el supermercado, compré un paquete de la talla 1 (de 2 a 5kg) y otros dos paquetes más de la talla 2 (de 3 a 6 kg). Creo que con eso tendré para el primer mes y parte del segundo, así que por ahora me despreocupo hasta nueva orden.

UTENSILIOS DE BAÑO

Aquí no he necesitado comprar casi nada, pues puedo aprovechar todo lo de su hermano afortunadamente. Tengo 6 toallas de tamaño pequeño que están nuevas, que además Pelón ya no usa porque las necesita más grandes. En cuanto al gel, crema hidratante, toallitas, crema para el culete y colonia usará los mismos productos que usa su hermano (como siempre digo, no me gusta abusar de estas cosas y cuanto más pequeños menos productos le echo). Con los peines y los utensilios varios ocurre igual. Lo único que necesitamos comprar es una bañera, pues la que tenemos se rompió y no nos ha vuelto a hacer falta (hace mucho que Peloncete se ducha con nosotros). Todo lo demás es reutilizable.

ALIMENTACIÓN

Tengo muy claro que vamos a apostar por la lactancia materna exclusiva, espero no tener que meter el “apoyo” como me ocurrió con Pelón debido a la ictericia fisiológica (ahora vengo de vuelta, y lo evitaría a toda costa). Lo único que necesito es mi cojín de lactancia, que ya lo tengo también de la vez anterior, y discos absorbentes para los posibles escapes (ya he comprado un paquete, de la marca Suavinex pues son los que usé antes y me gustaron). También he comprado algunos chupetes, para que los tenga nuevos y no tenga que usar los de su hermano. Siempre nos ha ido bien con el chupe y no los ha necesitado mucho, más que nada para relajarse o dormir. Por eso me he provisto de alguno, para utilizarlo en caso de necesidad y tenerlo a mano.

EXTRAS NECESARIOS

Para mí, una de las cosas más usadas y que necesitamos tener en exceso son las gasas (muselinas, arrullos, tienen mil nombres). De varios tamaños además, pero especialmente las pequeñas. Tenía bastantes, pues las sigo usando, pero aun así he comprado tres más porque me parece que nunca es suficiente. Es algo que continuamente se está lavando y por eso se necesita disponer de reservas en cantidad.

He comprado un saco para el capazo, pues como “el mayor” nació en verano no me hizo falta en su momento. Ahora me parece imprescindible de cara a los meses de invierno que nos pillarán de lleno, así que ha sido una compra que no he podido evitar. Me estoy pensando si comprar otro para el grupo 0, pero aún no me he decidido. En el coche ponemos calefacción, sería simplemente para el trayecto del coche al lugar donde vayamos (si es un trayecto corto, si es para coger el carro iría en el capazo), por eso no sé si merece la pena o si simplemente bastaría echarle una mantita.

Las mantas también son muy útiles y es bueno tener varias, de distintos tamaños y distintas telas y grosores. Tengo unas 5 distintas de Peloncete (muchas regaladas), pero he comprado dos más porque ahora son dos los que necesitarán mantas (Pelón las seguirá usando). Aun así sigo teniendo mis dudas de si necesitaré alguna más, pero es algo que prefiero ir viendo conforme surja.

Lo más gordo del gasto de cara a la llegada de un bebé ya está hecho, que es la habitación (con todos sus enseres) y el carro.  Lo único que quiero comprar es un trasportín para acoplarlo al carro, que espero que nos funcione bien. También tengo pendiente comprar un fular elástico, para portear al peque desde que nazca y así manejarme bien con los dos cuando esté sola (tenemos la mochila manduca, que estamos encantados con ella, pero creo recordar que se usa a partir de los 3 meses). Ya he decidido cuál me voy a comprar, pues lo veo muy sencillo de usar y práctico ya que es más bien un híbrido entre fular y mochila (es éste). Os contaré cuando lo use la experiencia de ambos, tanto de trasportín como de fular.

Y por ahora creo que nada más, puede que me deje cosas en el tintero pero mi mente últimamente va a ralentí y me cuesta memorizar y retener (cosas de embarazadas). Me quedan cuatro cosillas para tenerlo todo listo y no veo el momento de terminar, necesito tener esa tranquilidad interna de saber que el bebé puede llegar en cualquier momento porque está todo preparado (aunque siendo realistas, podría llegar igualmente y vivir genial sin muchas de estas cosas). Lo próximo será preparar la maleta del hospital, para lo que aún me quedan algunas semanas (no quiero adelantarme tanto). El momento se acerca, pero aún hay que ser pacientes.

¿Creéis que hay algo que necesite y no haya mencionado? ¿Alguna recomendación en concreto? Os agradezco muchísimo vuestros comentarios y opiniones, siempre me salvan de muchas dudas y me hacen pensar en cosas que no había previsto.

Feliz semana a todos, un abrazo.

 

 

Por los pelos

Escribo antes de ir al ambulatorio a ponerme la vacuna de la tos ferina, de lo cual me enteré por casualidad la semana pasada y ha resultado que estoy al límite de poder hacerlo (mañana hago 32 semanas, la última en la que se recomienda).

Ya os he hablado otras veces de la poca actitud de mi matrona, pero esto ya me parece el colmo. En el anterior embarazo no me vacuné de nada, tampoco nadie me informó y yo ya bastante tenía en la cabeza como para estar también al tanto de las vacunas. He llegado a la conclusión de que si quiero saber algo importante referente al embarazo debo informarme yo, porque mi matrona se limita a tomarme la tensión (que casualmente siempre es la misma) y pesarme. Tampoco me ha comentado que debo vacunarme de la gripe, cosa que también he decido hacer por mi cuenta y he acudido a mi médico de cabecera para que me lo gestione.

El embarazo es una etapa especial, en la que te sientes perdida en muchas ocasiones y necesitas bastante apoyo e información. Considero que el papel de la matrona es fundamental, que debe guiarnos, asesorarnos e incluso acompañarnos en todo lo que le sea posible durante estos 9 meses. La matrona de mi centro de salud (sólo hay una, es muy pequeño) es mayor, está anticuada y no se involucra los más mínimo con sus pacientes. A veces incluso tengo la sensación de que no presta atención a lo que le digo, claro ejemplo es el de mi última consulta con ella. Empezamos hablando de cómo me encontraba, y de lo complicado que era tener un embarazo tranquilo teniendo ya un peque en casa con 12 meses. Al terminar la consulta me preguntó si éste que iba a tener sería mi primer hijo… me quedé con una cara de tonta impresionante. ¿Con quién había estado hablando 10 minutos antes? Además, ella misma me trató en mi primer embarazo que está súper reciente, ¿no podría recordarme un poco? Supongo que es mucho pedir.

Me he sentido “muy sola” en cuanto a asesoramiento profesional se refiere, aunque ya estoy hecha a la idea. Es muy triste que sigan existiendo matronas así, chapadas a la antigua y que carecen de amor por su profesión. Una profesión que es bonita, que acompaña a las mujeres en la etapa más especial de sus vidas, cuyo fin es traer al mundo a sus más preciados tesoros. Es una verdadera pena que personas así hagan que pierda magia.

Así que estoy bastante indignada, porque si yo no me llego a enterar quizá no me habría ni vacunado. Mi próxima cita con ella es en la semana 35, ¿acaso en esa consulta me iba a informar? Permitidme que lo dude.

Pues esta es mi reflexión hoy jueves, ahora me despido y voy a por mi pinchazo. No sin algo de miedo, lo confieso, me da un poquito de reparo que me vacunen. Hace ya muchos años que no paso por esto (desde el instituto), y para mí siempre fue algo traumático. Ahora ya he madurado pero no puedo evitar ponerme nerviosilla jeje! Estoy deseando llegar y acabar.

Espero que tengáis un buen fin de semana, por aquí se espera sol así que intentaremos disfrutarlo el mayor tiempo posible. Mucha calle y poca casa.

¡Feliz jueves! Un abrazo.